En el primer semestre de 2019, la cifra de vehículos que se incendiaron en nuestro país fue superior a 500, según datos ofrecidos por las aseguradoras. En la ola de calor del pasado mes de junio, este tipo de incidentes se incrementó en un 16%. Desde OcasionPlus.com indican que un vehículo en estado normal puede llegar a alcanzar una temperatura de entre 100 y 110º C en funcionamiento. Si a ello se suma un mantenimiento deficiente y las altas temperaturas del verano, se puede generar como resultado el incendio del coche.

Con un parque móvil tan envejecido como el español (con una edad de 12,3 años de media), el mantenimiento resulta fundamental. Pese a ello, en 2018 los españoles invirtieron un total de 582,26 euros en dicho mantenimiento, un 5,5% menos de lo que gastaban en los peores años de crisis, tal y como se extrae del III Informe “Cuida el motor de tu vida”.

En muchas ocasiones, el fuego no se debe a una única causa, sino que puede generarse por una combinación de factores. Un mal estado de la instalación eléctrica junto a una fuga de líquidos basta para provocar una combustión imprevista. Vistas las estadísticas, el portal de compraventa de vehículos OcasionPlus.com analiza las causas más comunes de los incendios de vehículos:

  • Mal estado de la instalación eléctrica. Es la más común. El fallo en el sistema del cableado produce sobrecargas y, por tanto, calentamiento en determinadas zonas, que puede llegar a inflamar los materiales combustibles (plásticos, filtros, aislantes, etc.). También suponen un gran peligro una batería en mal estado (por corrosión, fuga de ácidos, bornes en mal estado o deficientemente apretados que provocan chispas), o los encendedores y los distintos conectores y cargadores que proliferan en el interior de los coches.
  • Fugas y pérdidas de los distintos fluidos. En verano, con las altas temperaturas, se produce una mayor presencia de gases por evaporación en caso de pérdidas o fugas, por lo que bastará una pequeña chispa para que se genere el fuego. No sólo es inflamable el combustible (más en el caso de la gasolina que el diésel), sino también algunos fluidos hidráulicos (como el líquido de dirección), así como el aceite motor.
  • Motor sobrecalentado. Cuando un motor se sobrecalienta, puede hacer que el aceite o el líquido refrigerante también se eleve hasta temperaturas peligrosas y comience a derramarse fuera de sus áreas de circulación, llegando hasta el sistema de escape u otras partes donde pueden encenderse fácilmente.
  • Carga peligrosa. Al margen del mantenimiento del vehículo, los elementos que se transportan en él son una fuente no despreciable de incendios; por ejemplo, bidones de plástico con combustible u otros líquidos inflamables. También se debe prestar atención a todos los elementos que transportamos y puedan producir efecto lupa bajo el sol del verano como gafas de ver, binoculares o botellas de agua, que pueden concentrar el calor del sol en un punto del interior del vehículo e iniciar una combustión.
  • Aparcar en sitios indebidos. El conjunto de componentes que forman el sistema del escape del coche alcanza temperaturas superiores a los 200º C. El contacto con algún elemento que arda fácilmente, como la hierba seca, puede provocar fuego.
  • Defecto de fabricación. Algunos fallos de fabricantes de coches provocan que se inicie un incendio en el automóvil.

A todas ellas se deben añadir situaciones de la circulación que provocan aumentos de temperatura en el vehículo que, si bien son poco frecuentes, pueden agravar el riesgo. Por ejemplo, un prolongado ascenso a un puerto de montaña en medio de una retención.

El 95% de los incendios en coches se deben a un mal mantenimiento, por lo que la principal prevención pasa por la puesta a punto y el sentido común. Adquirir un vehículo de segunda mano con garantías, tener el máximo cuidado al transportar mercancías inflamables y revisar las posibles fugas, así como acudir al taller si se percibe algún olor de fluidos, son tres claves fundamentales, según OcasionPlus.com. Respecto al estacionamiento del coche, se debe intentar aparcar a la sombra y vigilar que no se deja nada en el interior del vehículo que resulte peligroso a los 60º C que puede alcanzar el interior de un coche al sol.