Los fabricantes de automóviles continúan advirtiendo a la Unión Europea la necesidad de lograr una mayor flexibilidad en la normativa europea de emisiones, "pues puede parar la recuperación de la industria y afectar a las plantillas", indicó Carlos Goshn, presidente de Acea, la patronal de los constructores europeos y máximo ejecutivo del Grupo Renault.

 

La normativa de emisiones de CO2 dictaminada por la Comisión Europea obligará a todos los fabricantes de automóviles a que la media de su gama de modelos no supere los 95 gramos emitidos en el año 2020, aunque las presiones del Gobierno alemán flexibilizaron el plazo en dos años a través de unos créditos. Por ejemplo, estos permitirían a una marca vender 3,5 coches por encima de los 95 gramos de CO2 por cada uno vendido que emita menos de 50 gramos de CO2.

A esta normativa se unen las iniciativas de capitales europeas que cerrarán el tráfico a los vehículos contaminantes, sobre todo, con motores de combustión diésel antiguos. En este sentido, los fabricantes están teniendo que adaptar sus motores a la normativa Euro VI para que emitan menos partículas contaminantes.

Entre el límite de CO2 y los motores, las automovilísticas afirman que el coste de fabricación de cada coche se ha elevado. Estiman una media de unos 500 euros para que cumpla la norma Euro VI, a los que habría que añadir hasta 2.000 euros por coche para que emita 95 o menos gramos de CO2 por kilómetro.

Se busca, por tanto, un consenso para no ahogar a la industria en un momento de consolidación de la recuperación, pero en el que muchas filiales de los grupos automovilísticos (Ford, Opel o Seat) siguen en pérdidas.