Son tiempos difíciles los que vivimos a nivel personal, social y laboral, diferentes a nada conocido previamente. La crisis económica desatada con la quiebra de Lehman Brothers arrojó un fuerte impacto sobre muchas empresas y trabajadores que estábamos dejando atrás tras muchos años de esfuerzo y sacrificios. Y ahora nos enfrentamos a una pandemia mundial cuyo principal efecto supera con creces aquel de la crisis económica de 2008: la pérdida de tantas y tantas vidas humanas, cada una, todo un drama para las personas que han fallecido en soledad y para sus familias que no han podido despedirse y abrazarlas. Vayan desde estas líneas mi aliento y pesar a todos aquellos que han perdido a un ser querido. Y, por supuesto, el reconocimiento a la enorme labor de entrega y solidaridad de las personas que integran nuestro sistema sanitario y de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado. Son el orgullo de nuestro país en estos momentos.

Nuestro entendido bienestar se ha visto radicalmente transformado, de la noche a la mañana, afectando directamente a nuestros hábitos corrientes, a nuestras relaciones sociales, a nuestro trabajo y a nuestra forma de vida. Pero debemos ser fuertes, resilientes y saldremos sin duda adelante, tratando de minimizar los efectos negativos de tanta incertidumbre. Somos un país extraordinario, con grandes fortalezas, reconocido internacionalmente en muchos y variados ámbitos de actividad, desde el tecnológico e industrial al sanitario, desde el turismo a nuestros productos alimentarios, desde las artes al ámbito deportivo.

El sector de la automoción ha demostrado siempre, en sus ya seis largas décadas de historia en nuestro país, su enorme capacidad de adaptación a los tiempos y circunstancias que le ha tocado asumir, a las diferentes crisis económicas, en entornos cada vez más aceleradamente cambiantes y competitivos, lo que nos ha permitido seguir siendo un referente mundial en la fabricación de vehículos y componentes para los mismos. Un sector de los más tractores para la economía española pues, no en vano, representa el 10% de nuestro PIB y aglutina el 9% de la población activa del país.

Asimismo, y me enorgullece poder decirlo, este sector ha demostrado su compromiso con la sociedad española pues son muchas las iniciativas que se han puesto en marcha por parte de los fabricantes de vehículos y de componentes para producir equipos de protección, respiradores, batas, mascarillas y otros elementos tan necesarios para atender con prontitud esta emergencia sanitaria en un ejercicio de responsabilidad social que forma parte de nuestro ADN como industria socialmente sensible y responsable.

Levantadas ya las restricciones a la actividad empresarial considerada no esencial, no hemos dejado de trabajar las principales asociaciones representativas del sector, mientras tanto, para dar la más rápida y mejor respuesta al arranque de actividad de nuestras empresas. Para ello, elaboramos juntamente con los sindicatos, y con el consenso de los Ministerios de Industria, Sanidad y Trabajo, un Protocolo de Prevención Laboral, que diera cumplimiento a la premisa básica de que nuestros empleados puedan trabajar de forma segura y protegida. Dicha guía ha resultado de gran utilidad para nuestras empresas a la hora de iniciar sus actividades con la seguridad y la prevención necesarias.

En este escenario, y aunque la industria pudiera arrancar a finales de abril en el mejor de los casos, la recuperación será progresiva y se tardarán aún meses en retornar a la plena producción. Resulta, por tanto, imprescindible recuperar el sector cuanto antes, y dado su fuerte carácter tractor, puede ser un vector de importancia para la recuperación de la economía, como ya lo fue en la crisis de 2008.

Para ello, hemos elaborado un Plan con una serie de medidas para la reactivación del mercado, como elemento dinamizador de la cadena de valor, tanto en lo que respecta a la fabricación como a la distribución y comercialización de vehículos y que trabajaremos con la Administración, al objeto de poder avanzar un paquete de iniciativas urgentes y extraordinarias que impulsen a la mayor brevedad posible la recuperación de la actividad industrial y de los mercados.

Entendemos que este plan contribuirá a dinamizar no solamente el sector de automoción, sino que, fruto de nuestro importante efecto tractor, contribuirá de manera decidida a impulsar a otros sectores que prestan sus servicios a diferentes agentes de la cadena de valor.

En el medio plazo, permanecen otros retos que deberemos abordar ineludiblemente, y al objeto de continuar el proceso de transición tecnológica en el que se encontraba inmerso el sector antes del surgimiento de la pandemia. Hablo de impulsar la inversión tan necesaria en I+D+i, tanto en productos como en procesos, para acompasar convenientemente los cambios tecnológicos y atender los requerimientos de las normativas europeas en emisiones. Hablo de mejorar la infraestructura de recarga para vehículos electrificados. Hablo de impulsar medidas para la renovación de un parque automovilístico muy envejecido, con incentivos para la compra de vehículos nuevos, no sólo los electrificados, sino también los motores de combustión interna más eficientes, así como otras tecnologías como la pila de combustible y el gas en todas sus variantes.

En definitiva, trazar un plan a medio y largo plazo que permita mantener los niveles de competitividad alcanzados, que España siga siendo percibido en el exterior como un país amigable que apuesta por la automoción, y en un entorno de seguridad jurídica y con un plan-país para abordar estos importantes retos.

De nuestra parte, pondremos nuestra energía, saber hacer y conocimiento para volver a apuntalar a la automoción española como lo que es, un auténtico motor de la economía y sociedad españolas, y ahora más que nunca, “motor de arranque”.

(Tribuna publicada en el diario ABC el pasado 1 de mayo de 2020)