“Se trata de adaptarse no de resistirse al avance tecnológico”. Así comenzaba su ponencia magistral el catedrático Juergen B. Donges, quien ha hecho varias reflexiones a nivel macro y microeconómico. En primer lugar, el experto ha hablado de que un crecimiento económico y sostenido sólo es posible si se asumen los cambios estructurales, que se producen por el lado de la producción (evolución tecnológica) y por la demanda (a medida que las personas tienen ingresos más elevados, lo que tiene una repercusión en el sistema productivo y del empleo). A esto se añade la globalización, ya que formamos parte de la economía mundial.

“Desde la Revolución Industrial en el siglo XVIII, se han producido grandes olas de crecimiento a lo largo de las décadas. De cara al futuro, la historia se repetirá”, ha señalado Juergen B. Donges, quien también se ha referido al coche eléctrico, pero también al coche hidrógeno. “Creo que es peligroso que los gobiernos hablen sólo de una tecnología de futuro, descartando el resto de alternativas”.

En opinión del catedrático, “lo que sí va a transformar todo es el proceso digitalizador, la inteligencia artificial,... lo que cambiará la organización de las empresas, las formas de trabajar, los métodos de trabajo con el cliente, la estructura de fabricación,.... e impactará en nuestro día a día. No podemos cuantificar a ciencia cierta lo que van a producir estos cambios, a veces no tenemos los datos que necesitamos porque las instituciones no han encontrado todavía una metodología adecuada para proporcionarlos. Pero lo que sí es lo que podemos decir es que los cambios van a ser profundos y afectarán al mercado de trabajo dentro de una economía de mercado como la nuestra”.

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Cuando el cambio es profundo, cunde siempre el pesimismo por el futuro del empleo, ya que, según Donges, se tiende a hablar de precariedad o poca inclusividad. “En Europa siempre nos cuesta adaptarnos a lo nuevo. Es normal que cuando se producen cambios productivos y tecnológicos se produzca la destrucción de puestos de trabajo, por las deslocalizaciones, por ejemplo, que afecta a personas de baja cualificación y baja productividad. Pero también afecta a personas con cualificación, pero que ésta no se corresponde con las exigencias del mercado actual. De nada sirve reclamar un salario digno, si con ello se pretende asegurar al trabajador un salario superior a su productividad porque eso produce desempleo.

Todas estas ideas de hacer algo “bueno” por parte de los gobiernos para las personas afectadas por los cambios estructurales es “insolidario” porque, en palabras del economista alemán, “si se sube vía decreto el salario, y con ello el coste del trabajo, se erigen automáticamente barreras para todos aquellos que quieran entrar en el mercado de trabajo, como los jóvenes que buscan su primera ocupación, mujeres con niños o inmigrantes. Lo que se necesita es una política activa del mercado de trabajo que pueda mejorar la empleabilidad a las personas que padecen el cambio del modelo tecnológico”.

Igualmente, los cambios estructurales que traen consigo las nuevas tecnologías suponen que aparezcan nuevos empleos de los que se han destruido, nuevas profesiones también en el campo de la digitalización; de hecho, un 30% de los empleos que va a haber en 2030 no se conocen hoy, y en el pasado ha sido igual. “Eso es el cambio estructural en una economía de mercado, donde el futuro es incierto”, ha asegurado Donges, para quien lo que está claro es que los nuevos empleos tendrán que ser flexibles. “Va a haber cada vez menos contratos indefinidos, habrá mayor movilidad ocupacional y estas nuevas formas de contratación laboral favorecerán a los que tengan competencias digitales adecuadas”.

El mercado también se limpia de empresas anquilosadas en el pasado y aparecen nuevas empresas que no tienen miedo al riesgo, como son las startups, que necesitan menos restricciones financieras y trabas burocráticas para la creación de nuevos empleos. En opinión del experto, “si fuéramos capaces de dar las mismas oportunidades tecnológicas a todos, el crecimiento sería más inclusivo y los cambios estructurales serían más aceptados”.

Políticas económicas de apoyo

Por otro lado, el catedrático reflexionó sobre la necesidad de políticas económicas de apoyo, “que no tienen que ver nada con lo que se está haciendo, ya que no se satisface el lado de la demanda, sino el de la oferta”. A nivel europeo, eso significa profundizar en un mercado único en los servicios digitalizados y, a nivel nacional, políticas adecuadas en el lado de la oferta que eleven la eficacia de la administración, la creación de un sistema tributario eficiente, de impuestos indirectos que no dañan la inversión, asegurar la sostenibilidad del sistema,... Por ejemplo, crear un impuesto digital tiene un aspecto muy negativo porque no se incide en crear un marco adecuado para nuevos modelos de negocio y creación de empleo, sino sólo afán recaudatorio. En este contexto, Europa puede quedar descolgada del proceso digital y depender de países como Estados Unidos o China”.

El economista alemán también ha hecho hincapié en la calidad del sistema educativo. “Sin cualificación no hay nada que hacer. Es necesario que los niños tengan un manejo efectivo de materias básicas, la noción de habilidades digitales, la noción del trabajo en equipo y, sobre todo, el dominio de idiomas extranjeros”. Donges puso como ejemplo el modelo de la FP Dual en Alemania para 151 profesiones y especialidades que conocemos hoy.

Finalmente, el experto ha incidido en el mayor potencial de crecimiento que necesita la Eurozona -que no es lo mismo que el PIB-, si se quiere aprovechar la oportunidad que brinda la tecnología digital. “Este potencial avanza muy lentamente en Europa (1%) y va a la baja, en comparación con Estados Unidos (+2%). Si no resolvemos este problema, la Eurozona quedaría condenada a unos incrementos del PIB de perfil bajo. No podemos crecer más si no tenemos capacidad productiva para ello”. Por su parte, el cambio demográfico europeo reduce la oferta laboral y, por ello, es muy importante cimentar y fortalecer los pilares del crecimiento.

Juergen B. Donges propone tres medidas para el fortalecimiento: cuidar un marco de buenas condiciones efectivas en capital fijo y en I+D, fomentar la inversión en capital humano y robustecer el funcionamiento de los incentivos económicos. “En Europa actualmente no lideramos el crecimiento global ni la revolución digital, pero esto no tiene que quedar así. Hay que recuperar el espíritu de Unión en Europa para tirar del carro de la innovación, el diseño y la creación de políticas efectivas a medio y largo plazo”.