La industria automovilística desempeña un papel clave en la economía española. Representa el 10% del PIB español y da empleo a más del 9% de la población activa. Además, genera el 19% de las exportaciones totales del país, exportando el 85% de su producción de vehículos. Las cuatro mega-tendencias automovilísticas: Movilidad, Conducción Autónoma, Digitalización y Electrificación (MADE) están transformando completamente la industria, lo que supone una amenaza y una oportunidad para el sector español.

En un contexto general de descenso de la rentabilidad, la electrificación ejercerá mayor presión sobre los márgenes de las empresas del sector del automóvil. La rentabilidad de los OEMs se ve amenazada por varios factores: límites de emisión y multas, nuevos entrantes potenciales, desplazamientos de portfolio y disminución de la demanda, ente otros. Como resultado, están aumentando la presión sobre sus proveedores, lo que reduce sus márgenes. Además, los proveedores están invirtiendo grandes cifras para preparar sus modelos de negocio para los retos del futuro, lo que ejerce más presión sobre su rentabilidad.

Se espera que la rentabilidad de los proveedores disminuya, dejándolos con poco margen para realizar las inversiones necesarias. El promedio del margen EBIT de 2019 será probablemente inferior al 7% por primera vez en los últimos siete años

Por lo tanto, es esencial elaborar una estrategia nacional a largo plazo, en la que participen todos los agentes públicos y privados para abordar con éxito los retos a los que se enfrenta el sector: fomento del desarrollo de la futura industria de vehículos eléctricos; y mejorar y apoyar la industria del vehículo de combustión actual.

Para todo esto, desde Roland Berger sugieren el siguiente doble enfoque:

A. Las autoridades gubernamentales tienen que tomar medidas para garantizar el desarrollo de un entorno favorable para las empresas de la industria. Para lograrlo, el Gobierno debe desarrollar una estrategia estatal a largo plazo, colaborando con las empresas de la industria, con el fin de:

  • Facilitar y fomentar nuevas inversiones en I+D. Aplicar recortes fiscales e incentivos para motivar a las empresas a invertir en las nuevas tecnologías y en la capacitación de sus empleados mediante programas de I+D.
  • Crear un entorno fiscal, que sea atractivo y estable y que permita atraer capital y fomentar las inversiones en el sector.
  • Promover y permitir la formación de los trabajadores españoles para cubrir las próximas demandas de nuevas competencias relacionadas con la tecnología, el software, la IA,… a través del desarrollo de programas específicos en universidades, centros de formación profesional e internamente por las empresas con la concesión de becas y ayudas.
  • Preparar la infraestructura del país para hacer frente a las necesidades del vehículo eléctrico, proporcionando ayudas e incentivos para el desarrollo de estas por entes públicos y privados.
  • Promover la renovación del parque automovilístico mediante el desarrollo de ayudas estatales enfocadas tanto en la renovación del parque de vehículos de combustión, como para la electrificación de este.
  • Eliminar la falta de incertidumbre reglamentaria. Las políticas del Gobierno central deben alinearse con las entidades locales y la regulación de la UE, aplicando plazos estrictamente definidos y objetivos claros.
  • Es esencial que estas medidas estén destinadas a preservar la competitividad de las empresas. Los gobiernos no deben cometer el error de promover el desarrollo de la industria sólo a favor de la demanda, ya que esto podría provocar que el país pierda un sector productivo extremadamente importante para la economía y el empleo.

B. Los proveedores españoles deberían replantearse sus modelos de negocio para que sean rentables en el futuro.

Los nuevos vehículos requerirán nuevas competencias y, como resultado, los proveedores tendrán que transformar sus modelos de negocio existentes para satisfacer las nuevas demandas de la industria. Para ello, deberían:

  • Replantearse su estrategia y su portfolio de productos.
  • Definir una hoja de ruta tecnológica a largo plazo.
  • Mejorar su base de costes.
  • Desarrollar nuevas competencias para tener éxito en nuevas áreas de crecimiento.
  • Adaptar su estructura organizativa.
  • Desarrollar una mentalidad cultural innovadora para competir en nuevas áreas tecnológicas.
  • Desarrollar nuevas asociaciones y aprovechar este ecosistema para encontrar otras formas diferentes de innovar y así hacerle frente a las nuevas demandas del mercado.