Así, a los clientes de las compañías que él estima le pagan un precio-hora razonable, le abonan las facturas de una forma ágil, utilizan los baremos sin manipulaciones,... los haría entrar por una puerta con acceso a una recepción de determinado nivel, debido a que van a pagar un determinado servicio.

Por el contrario, a los clientes de compañías que él considera que no cumplen los mismos parámetros los haría entrar por la otra puerta, con una recepción sin aire acondicionado, sin calefacción, sin tanta luz, sin máquina de café,... En definitiva, con un menor nivel de servicio y menos confortable.

Estaba seguro que los clientes se sorprenderían con estas diferencias, pero me argumentaba que, como en todo, ya es hora que los usuarios de los automóviles sepan que no todas las compañías son iguales y que nadie da “duros a cuatro pesetas”, ya que cuando vamos a un restaurante con el ticket-restaurante no esperamos el mantel blancos, tres cambios de platos y tres de cubiertos. Y nadie dice nada. Pero las compañías a los talleres sí que les piden: el coche de sustitución, el descuento, el menor precio de la mano de obra,... pretendiendo que todo ello sea al precio del menú.

La verdad es que su razonamiento no deja de tener sentido, pues su argumento es simplemente económico en función de dar el servicio que estás dispuesto a pagar. O mejor dicho, el que la aseguradora o mutua del cliente está dispuesta a pagar.

No obstante, me dejó tranquilo al indicarme que técnicamente el nivel de calidad iba a ser exactamente igual, pudiendo diferir algo en los acabados, ya que al igual que los restaurantes no pueden permitirse la salmonelosis, tampoco todos los platos pueden tener la misma exquisitez. Todo es cuestión del precio.

El tiempo nos dirá. Si lo implanta, cómo le va y si se genera la moda de las dos puertas en los talleres.