Nadie dice que si no se logra tal y cual promesa dimitirá, indemnizará o, como mínimo, se disculpará, con lo que resulta fácil prometer.

En el mundo de las reparaciones de carrocería pasa algo prácticamente igual: aparecen unos señores, de unas empresas mercantiles, que sean del color que sean (aseguradoras, mutuas, rent a cars, plataformas gestoras,…), prometen y prometen que van a enviar vehículos reparar (no clientes) a cambio de, en lugar del votos, unos “pequeños” descuentos o comisiones, o que se compre el recambio en un determinado lugar, o la pintura, o se deje un vehículo a “su cliente”. En definitiva, que confiemos en ellos, que nos van a “solucionar” todo.

Resulta evidente que el paralelismo es enorme, y más grande se hace cuando los citados, que no son políticos, tampoco asumen ningún compromiso escrito. No se garantizan unos mínimos, ni se penaliza el incumplimiento de ninguna promesa. Lo único que se firma son los deberes que el taller debe hacer cuando en el mejor o peor de los casos existe un contrato de por medio.

Por lo tanto, con los talleres de carrocería también se hace política. Pero lo que no debe olvidar el taller es que, en definitiva, él es quien elige, el que vota y el que debe saber qué compañeros escoge, no únicamente los que prometen, prometen y prometen.

No más promesas y sí más compromisos.