Si el sector de la posventa en Aragón factura actualmente 382 millones de euros, pasaría en 2050 a ingresar 237 millones porque los vehículos de combustión interna necesitan de una serie de mantenimientos preventivos que con el eléctrico desaparecen. Así lo recoge el informe “La descarbonización de la posventa”, presentado por Solera en la Jornada de Automoción organizada por Faconauto en Zaragoza.

El Ejecutivo nacional ha dotado al Gobierno de Aragón con un total de 1.264. millones de euros en el Programa de Incentivos de Movilidad Eficiente y Sostenible (MOVES) hasta 2021 para incentivar la electrificación, en tanto que el 50% de los fondos irá destinado a incentivar la compra de vehículos eléctricos. Por su parte, las empresas del Clúster de Automoción de Aragón (CAAR) invertirán a lo largo de este año 25 millones de euros en proyectos asociados al vehículo eléctrico.

El informe de Solera atribuye la pérdida de ingresos de la posventa al hecho de que los vehículos de combustión integran 25 piezas y elementos que no se encuentran en los vehículos eléctricos, como son el aceite, filtros de aceite, correa de distribución, bujías, inyectores, escapes, etc., y que entre todos ellos superan los 15.000 euros. Una pérdida de ingresos que no se compensa con el “efecto batería”, pues si bien es una pieza costosa -con un precio medio de más de 11.000 euros-, tiene el hándicap de que el paso por boxes para cambiarla es cada diez años, una horquilla de tiempo mucho mayor que el requerido por las piezas de mecánica de un diésel o gasolina.

Esta transición del diésel/gasolina al eléctrico también tendrá su impacto en la mano de obra de los talleres aragoneses. En el caso de un vehículo de combustión interna y a lo largo de un periodo de diez años, supone un coste de 3.429 euros por taller, una cifra que se reduce en el eléctrico un 86% hasta los 489 euros. Y es que el número de horas trabajadas se rebaja en un 90%, pues cambiar una batería es una labor que apenas requiere seis horas de trabajo.

Por otro lado, el informe de Solera muestra que la electrificación total del parque español en los plazos previstos por la Administración es más “un desiderátum que una realidad”: de los más de 26 millones de vehículos en circulación (turismo, todoterreno y comercial ligero), apenas el 0,1% son eléctricos.

En una hipótesis en la que el 10% anual de las matriculaciones fueran de eléctricos, Solera indica que se tardarían 172 años en lograr electrificar el parque al completo. En otra más idílica, bajo el supuesto que desde este año sólo se compraran eléctricos en España, se conseguiría este objetivo para 2036, cuatro años antes de lo previsto por el Gobierno.

En el caso particular de Aragón, el eléctrico apenas representa el 0,01% de los coches en circulación. Respecto al parque de eléctricos en España, con unas 20.000 unidades repartidas por toda la geografía nacional, apenas el 0,5% se localiza en suelo aragonés.

Para hacer viable el objetivo en tiempo y forma, Solera estima que sería necesario no sólo mejorar la autonomía de estos coches y la infraestructura de recarga, sino también hacer más competitivo el precio de venta, que actualmente es un hándicap para su democratización. Lo habitual es, salvo contadas excepciones, que haya que desembolsar de media al menos 25.000 euros si un conductor quiere “electrificar” su movilidad. De acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), sólo dos de cada diez hogares tienen una renta media de más de 2.500 euros mensuales, que son los que podrían pagar un coche de estas características. Y es que el eléctrico, por precio, es un Premium, un segmento que supone el 15% de las ventas.