Solera estima que los negocios de reparación y mantenimiento en la Comunidad de Madrid dejarán de facturar 821,1 millones de euros con la electrificación del parque, un 38% de sus ingresos, según el informe “La descarbonización de la posventa”, presentado con motivo de la jornada Solera Talent, la nueva iniciativa de la compañía para ayudar a los profesionales de la posventa a mejorar en la gestión y liderazgo empresarial y en la inclusión de la tecnología como parte de la cadena de valor, acompañándolos en su proceso de digitalización.

En concreto, si el sector de la posventa en Madrid prevé facturar 2.160,8 millones de euros en 2019 (lo que supondría un incremento del 7,5% en tasa interanual), pasaría en 2050 a ingresar 1.339,7 millones porque los vehículos de combustión interna necesitan de una serie de mantenimientos preventivos que con el eléctrico desaparecen. Un impacto que, según Solera, “requiere de una transición progresiva, ordenada y realista, y que debería contar como primer paso con un plan de achatarramiento que pusiera coto al envejecimiento del parque a escala nacional, o en su defecto autonómico, que permitiese adquirir vehículos de combustión interna y electrificados”.

El 58,7% de los vehículos madrileños actuales supera los diez años -los que menos pasan por el taller-, mientras que sólo el 25% de los automóviles tiene menos de cinco años. En cuanto al parque de eléctricos, y en el caso de la Comunidad de Madrid, el eléctrico representa el 0,4% de los coches en circulación. A nivel nacional, con más de 20.000 unidades, tres de cada cuatro de estos vehículos se localizan en la comunidad madrileña, auspiciado sobre todo por el renting.

El número de horas trabajadas se rebaja en un 90%, pues cambiar una batería es una labor que apenas requiere seis horas de trabajo

El informe de Solera atribuye la pérdida de ingresos de la posventa al hecho de que los vehículos de combustión integran 25 piezas y elementos que no se encuentran en los vehículos eléctricos, como son el aceite, filtros de aceite, correa de distribución, bujías, inyectores, escapes, etc., y que entre todos ellos superan los 15.000 euros. Una pérdida de ingresos que no se compensa con el “efecto batería” pues, si bien es una pieza costosa -con un precio medio de más de 11.000 euros-, tiene el hándicap de que el paso por boxes para cambiarla es cada diez años, “una horquilla de tiempo mucho mayor que el requerido por las piezas de mecánica de un diésel o gasolina”, informa Solera.

Esta transición del diésel/gasolina al eléctrico también tendrá su impacto en la mano de obra de los talleres madrileños. En el caso de un vehículo de combustión interna y a lo largo de un periodo de diez años, supone un coste de 3.429 euros por taller, una cifra que se reduce en el eléctrico un 86% hasta los 489 euros. Y es que el número de horas trabajadas se rebaja en un 90%, pues cambiar una batería es una labor que apenas requiere seis horas de trabajo.

De este modo, el progreso tecnológico y sostenible del vehículo obliga a los talleres a evolucionar, siendo el primer paso el de la digitalización. Actualmente, sólo dos de cada diez talleres en España están digitalizados. Son sobre todo negocios pequeños que, en el caso de Madrid, suman 3.602 talleres, el 71% del total de empresas de reparación y mantenimiento de la región, que corren el riesgo de quedarse fuera al no estar digitalizados.