El coche de conducción autónoma parece aún un desafío lejano, aún imposible saber cuándo será una realidad, especialmente desde el punto de regulatorio.

La española María Belén Aranda, responsable del gigante mundial Robert Bosch para el desarrollo de sistemas de conducción automatizada, sostiene que la adaptación de todo tipo de automatismos será gradual y dependerá de la aceptación que vayan encontrando.

 

Como recordó Aranda en la jornada técnica organizada por Asepa (Asociación Española de Profesionales del sector) en su Fórum de la Automoción Española, la conducción parcialmente automatizada existe al menos desde que Mercedes estrenó en 2013 su asistencia a la conducción Distronic.

El siguiente paso prevén que se dé en 2016, año en el que el vehículo podrá ser guiado por un carril prefijado hasta una velocidad de 130 km/h., aunque con el conductor siempre alerta por si tuviese que intervenir. Para 2018 se podría circular por un carril en modo autómata y cambiar a otro cuando el conductor active el intermitente.

En el posterior estadio, en 2020, el coche circularía por su carril e incluso adelantaría a otros vehículos sin necesidad de prestar atención continua. Ya por último, más allá de 2025, se vislumbra un horizonte de automatización total donde el conductor podría dedicarse a otras actividades. Todo ello, obviamente, bajo estrictos requisitos de seguridad.

Los dos equipos que coordina la ingeniera española han realizado más de 9.000 kilómetros de pruebas en California y Alemania y, según Aranda, esta tecnología repercutirá de manera muy positiva no sólo en la seguridad vial - el 90% de los accidentes son achacables al error humano - sino también en el confort de los pasajeros.

Además, Aranda cita estudios que cifran en un 80% la mejora del tránsito que podría producir en las ciudades y entre un 23-39% el ahorro de combustible.