Ya en la década de los 60 dos hitos marcaron el futuro del aquaplaning, un fenómeno poco común hasta entonces: el desarrollo de la red de carreteras y el incremento de la potencia de los automóviles.

Es en ese instante cuando Dunlop, en su afán por estar siempre a la vanguardia tecnológica, decide adelantarse a los demás fabricantes siendo el primero en investigar el fenómeno del aquaplaning y trabajar para poder reducirlo.

Una de las primeras acciones que hizo la marca fue crear un dispositivo experimental que permitía recrear las condiciones de conducción a alta velocidad sobre una placa de vidrio mojado, tal y como se puede observar en la imagen.

Además, en los centros de estudio de Dunlop también lograrían calcular el coeficiente de adherencia del neumático sometido a las pruebas. Con ello, el análisis de los resultados serviría como base para la puesta a punto de un nuevo tipo de neumático.

Pero no es hasta 1964 cuando Dunlop haría historia gracias a Tom Fench, director de desarrollo de neumáticos, y a un informe sobre un nuevo diseño de la banda de rodadura.

Este tipo de banda presentaba por primera vez múltiples microcanales que actuaban como una esponja frente al agua que se acumulaba en grandes cantidades y de manera repentina, antes de expulsarla.

Esta innovadora característica, unida a una serie de canales esculpidos en la circunferencia del neumático y con una estructura rígida, supuso una revolución en las prestaciones de los neumáticos en cuanto a su adherencia en superficie mojada.