La inversión que realizan las personas en un vehículo es importante, expone Loctite en un artículo que les recomendamos y adjuntamos íntegro, y por eso cada vez más se persigue conseguir una vida útil más larga. La innovación en los motores y las nuevas tecnologías hacen que la parte mecánica garantice coches más duraderos.

 

Pero no solo hay que estar pendiente y mejorar el cuidado del motor, pues la carrocería es un elemento esencial. Aparte del aspecto exterior, la carrocería cumple con una función de seguridad en el coche, así que es importante que esté cuidada y la protección anticorrosiva es clave en este aspecto.

Sin duda, uno de los mayores enemigos de la carrocería es la corrosión. Desde la fabricación del coche, las partes de metal están protegidas por distintos productos anticorrosivos que, además, ofrecen protección sonora, estructural y térmica. Pero esta anticorrosión original sufre desgaste debido a distintos factores:

- La oxidación. La reacción química con el oxígeno hace que el acero vuelva a su estado natural: el óxido de hierro. Por ejemplo, cuando se hacen trabajos de soldadura, las chapas sufren un proceso inicial de oxidación interna que facilita la corrosión posterior de todo el espesor de chapa.
- Humedad y agua. El agua, en contacto con la chapa, genera oxidación. Con la humedad, el efecto aún es mayor, pues se adentra en todos los huecos.
- Gravilla. Tanto la que arrojan los otros vehículos como la que lanzan las ruedas del coche propio. La gravilla afecta a la parte interior de las aletas, los bajos y los pasos de rueda, lo que puede hacer saltar la protección anticorrosiva.
- Sal. El cloruro sódico es uno de los elementos más corrosivos.
- Barro. Cuando se acumula el barro en el coche, amplía el tiempo que la humedad va afectando a la chapa.