“Desarrollar un buen plan de prevención de riesgos laborales en un taller mecánico debe ser como plantear la importancia de la ITV”, nos cuentan desde el Grupo Serca Automoción. “No estamos ante una cuestión de únicamente obligatoriedad, sino de necesidad, como es la de proporcionar un ambiente seguro, estable y que ofrezca plena confianza no sólo a nuestra plantilla, sino también la de nuestra razón de ser: nuestros clientes”.

A la hora de plantear un plan de prevención de riesgos laborales en un taller, se buscan dos objetivos:

  • Mejorar las condiciones laborales. Un trabajo que se desempeña en las condiciones óptimas, se desempeña en todo su esplendor, sin condicionantes y aprovechando cada uno de los recursos, tanto en forma de conocimientos de la materia como de herramientas dispuestas para la realización.
  • Reducir los riesgos laborares. No sólo de accidentes, algo que se debe evitar a toda costa, sino de incidencias que puedan frenar o dificultar un trabajo que debe resultar siempre impecable.

La clave, por tanto, reside en el planteamiento de los riesgos laborales como “buenas prácticas” y no sólo como obligaciones legales, aplicando también aquellos supuestos que sirvan para un desarrollo óptimo del trabajo y no vengan dados por imperativo legal.

Por otro lado, y una vez puestos en marcha todos los planes de prevención por los cuales los talleres están obligados por ley, se establecen las buenas prácticas que aseguren aún más el ambiente correcto de trabajo mediante los siguientes procedimientos:

  1. Establecer protocolos de análisis y estudio de posibles incidencias. Ante un percance, repasar la normativa y acudir a soluciones prácticas antes que a la improvisación.
  2. Designar personas responsables. Personal que se encargue de supervisar ciertas áreas de trabajo para que puedan garantizar cada tarea como sobresaliente.
  3. Establecer sistemas de calidad. No sólo para materializar un buen trabajo, sino para poder transmitirlo al cliente y que no le quede duda de lo impecable de la tarea realizada.

Responsabilidades de la dirección del taller en materia de prevención

El término responsabilidad es mucho más adecuado que el de obligatoriedad a la hora de hablar de prevención de riesgos. Al igual que las personas que responden directamente del buen funcionamiento del taller, se puede delegar, pero nunca obviar, el desarrollo de las condiciones en las que se trabaja en cada taller. Para ello, las obligaciones más inmediatas pasan por:

  • Asegurar en todo momento que haya suficiente personal cualificado acorde a la carga de trabajo.
  • Asegurar que las instalaciones, equipamiento y materiales disponibles sean los adecuados y que permitan el 100% de los requerimientos que necesiten cada una de las tareas que se lleven a cabo en el taller.
  • Asegurar que cada uno de los miembros de la plantilla entiende a la perfección qué debe hacer en cada situación, no sólo de riesgo, sino cualquiera que pueda plantearse en el desarrollo de sus capacidades. Para ello, es recomendable que cada cierto tiempo se realicen cursos de reciclaje o formación interna.
  • Tomar las medidas necesarias para que se apliquen sin ningún tipo de excepción las normas de salud y seguridad que conlleve el desarrollo de la actividad en el taller.
  • Proporcionar y facilitar tanto el manual de buenas prácticas como los Procedimientos Normalizados de Trabajo -los documentos que establecen las pautas a seguir para implantar las políticas de calidad de la empresa y que son obligatorios por ley-, así como asegurar su cumplimiento.