Las grasas de cobre son de uso habitual en los montajes y reparaciones del coche, ya que la mayoría de sus elementos están sujetos a condiciones extremas de trabajo, ya sea por su rozamiento continuo, por los cambios bruscos de temperatura o por el trabajo en temperaturas elevadas. Según un artículo del Blog Ruta 401 de Loctite, este tipo de grasas están destinadas a tratar metales para protegerlos del óxido, la corrosión y el gripado, tanto térmico por la exposición prolongada a altas temperaturas, como mecánico cuando se trata de uniones roscadas fijadas con un par de apriete muy elevado.

La función principal de la grasa de cobre es actuar como lubricante para la pieza en cuestión y prevenir el agarrotamiento, fundamentalmente, en elementos roscados que soportan altas temperaturas. Por tanto, el antigripante debe estar diseñado para soportar cambios de temperatura sin perder sus características ni gotear. Entre las mejores opciones se encuentra Loctite LB 8008, una grasa de cobre diseñada para ser eficaz en diferentes cotas de trabajo, a menor o mayor temperatura, en condiciones distintas de fricción y en diferentes tipos de metal.

La elección del producto adecuado asegura unos resultados óptimos en las reparaciones, lo cual repercute positivamente en el mantenimiento del vehículo. Utilizar la grasa de cobre adecuada no sólo facilita un desmontaje posterior, sino que evita la rotura de tornillos, el desgaste por fricción, el agarrotamiento y también previene holguras y corrosiones, que puedan provocar averías en un futuro. Esta recomendación de Loctite es extensible para todo tipo de antigripantes, no sólo en base cobre.