La Cámara Automotriz de Venezuela (Cavenez) ha señalado que la caída anual en la venta de vehículos nuevos fue de 82,89% al cierre de 2016 con respecto al del año 2015.

Pero mucho más relevante es que también se redujo de modo considerable la producción de vehículos, la cual pasó de 18.300 unidades durante 2015 a apenas 2.849 en 2016, lo que representaría una caída anual de 84,43%. Se estima un promedio mensual de producción de 237 vehículos durante el año pasado, cuando, según la capacidad instalada de la industria venezolana, se podrían ensamblar alrededor de 20.000 unidades mensuales y en el año 2007 se produjeron 14.368 unidades mensualmente.

Venezuela exportó 22.216 vehículos el año 2006 -cero hoy en día- y la exportación de recambios, aún cuando ha mermado significativamente por falta de una política pública nacional en pro de la competitividad más allá del sector petrolero, constituye un potencial a ser recuperado. La industria de automoción venezolana gozó de cierta especialización regional producto de su membresía en la Comunidad Andina de Naciones (CAN) hasta el año 2006, constituyendo su desincorporación una acción abrupta que no ponderaba tal realidad del sector regionalmente.

En Venezuela no sólo el parque se deteriora rápidamente sin reposición (18 años promedio), con efectos negativos sobre la actividad económica de traslado de mercancías, así como también el transporte de pasajeros. Adicionalmente, se pierde a lo largo de toda la industria y la cadena de valor en el sector del automóvil y sigue cayendo la producción, todo por considerar que, al ser empresas privadas, no merecen prioridad en la adjudicación de divisas extranjeras controladas totalmente por el Gobierno de Venezuela.

Mientras tanto, sí existen divisas para realizar importaciones de vehículos ensamblados o vehículos semi ensamblados que no sólo no incorporan mayor mano de obra nacional en el ensamblaje, sino que, por lo general, tampoco incorporan mayor porcentaje de recambios y piezas de origen nacional. Ésto luego obliga al taller “a buscarse la vida” y adquirir a precios elevados las piezas desde el extranjero y, por supuesto, pagando en moneda extranjera, cosa que ralentiza el proceso de reparación, debido a que hay que disponer de medios necesarios para importar las piezas.