La tecnología, que Bosch ha desarrollado en estrecha colaboración con PSA Peugeot Citroën, tiene unos principios claros: la propulsión híbrida hidráulica busca reducir considerablemente el consumo de combustible y las emisiones de CO2 de los coches compactos. El sistema también es adecuado para otros segmentos de turismos, así como para vehículos de reparto urbano.

El diseño del híbrido hidráulico permite, además, un efecto "booster" (de impulso) que normalmente solo ofrecen accionamientos eléctricos muy costosos. Esta breve, pero intensa aceleración adicional, se genera mediante la interacción de un motor de combustión convencional con los elementos hidráulicos y un acumulador de presión con nitrógeno integrado. El sistema híbrido es capaz de apoyar a los motores de gasolina o diesel en los rangos en los que estos no funcionan con una óptima eficiencia.
El concepto "Powersplit" (potencia dividida) permite utilizar distintos tipos de propulsión. Los trayectos cortos se pueden realizar de manera puramente hidráulica con la energía acumulada. En este caso, no funciona el motor de combustión y el vehículo circula con "cero" emisiones. En trayectos más largos o a velocidades más elevadas, el motor de combustión impulsa el vehículo. Además, las dos propulsiones también se pueden combinar. En este caso, tanto la energía acumulada del sistema hidráulico como el combustible quemado hacen que el vehículo avance.
Bosch y PSA prevén un gran potencial para esta tecnología. En el nuevo ciclo de conducción europeo se puede ahorrar hasta un 30% de combustible en comparación con un motor de combustión convencional. Si la circulación se realiza exclusivamente por ciudad, se puede ahorrar hasta un 45%. Además, la autonomía de un vehículo utilitario puede aumentar considerablemente con esta propulsión alternativa. Este aumento de eficiencia se basa en una sincronización óptima de los dos propulsores.
Además, el sistema híbrido obtiene energía que normalmente se perdería. El acumulador hidráulico se carga al frenar. La energía cinética que se descarga al frenar se transforma en energía hidráulica y se almacena en el acumulador de presión. Normalmente, esta energía se perdería en forma de calor a través de las pastillas de los frenos. Las ventajas de esta propulsión híbrida resultan también evidentes en la conducción a una velocidad constante, donde el motor puede funcionar en un ámbito eficiente y, al mismo tiempo, se carga el acumulador de energía hidráulica.
La propulsión de un híbrido hidráulico dispone, junto a un motor de combustión clásico, de un acumulador de presión y un depósito. Las unidades hidráulicas comprimen un colchón de gas a través de un líquido hidráulico y el líquido y el gas se separan. En el colchón de gas se almacena energía - dependiendo la cantidad de energía que se puede almacenar del tamaño del sistema. Durante este proceso, el gas se comprime de forma parecida a un muelle, alcanzando el sistema una presión de hasta 300bares. Una vez que se libera la presión en el colector, el sistema funciona a la inversa. El gas se vuelve a expandir, proporcionando una fuerza de compresión al líquido hidráulico que acciona el motor hidráulico, el cual la transmite al vehículo a través de la transmisión.
En comparación con una batería de iones de litio de un vehículo eléctrico, el colector de presión tiene menos capacidad y alcance. Sin embargo, se carga mucho más rápido y puede utilizar la energía adicional del motor de combustión de forma más eficiente.