Los paquetes de baterías para vehículos eléctricos podrían reducir su tamaño entre un 20 y un 30%, y hacer que los vehículos eléctricos fueran más asequibles, si se desarrollaran nuevos sensores para hacer un seguimiento de las células en los paquetes, según informa la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Energía del Gobierno de EE.UU. (ARPA-E, por sus siglas en inglés). La agencia señala que estos sensores podrían tener un efecto aún mayor sobre las baterías de vehículos híbridos de gasolina y electricidad, haciendo que reduzcan su tamaño a la mitad.

Estos sensores mejorados podrían informarnos sobre lo que sucede dentro de cada uno de los cientos de células que componen la batería de un vehículo eléctrico, y permitir a los fabricantes de automóviles almacenar más energía de forma segura. Un programa de 30 millones de dólares (22,7 millones de euros) de la ARPA-E, que lleva en marcha desde hace un año, está tratando de desarrollar la tecnología necesaria.
El desarrollo de nuevas composiciones químicas de batería puede tardar una década o más, por lo que aumentar las capacidades de las ya existentes podría ser una forma más rápida de reducir el coste de las baterías, uno de los principales motivos por los que la adopción de vehículos eléctricos no acaba de despegar.
No todo el mundo está de acuerdo con que los sensores puedan reducir el tamaño de la batería tanto como afirma la ARPA-E. Bill Wallace, director del grupo de ingeniería de sistemas de baterías de GM, afirma que el desarrollo de mejores sensores es importante, pero quizá no sea posible reducir el tamaño de la batería entre un 20 y un 50%. "Eso es un gran salto", explica. Sería necesario conseguir todas las mejoras que sean teóricamente posibles, afirma, algo que rara vez resulta práctico. "Pero eso no es una razón para no estar trabajando en ello", añade. GM, aunque no forma parte del proyecto de la ARPA-E, también está trabajando en sensores de batería.