El pintado de vehículos es una de las operaciones más frecuentes en el taller de carrocería, puesto que es el paso procedimental que culmina la reparación, a la vez que representa las capas de pintura finales aplicadas sobre el automóvil que van a quedar visibles y que van a embellecerlo. Según recoge un artículo técnico del Blog Ruta 401 de Loctite, una aplicación correcta y adecuada de la pintura posibilita que el acabado obtenido cumpla unos estándares mínimos de calidad que no hagan perceptible la actuación correctora efectuada.

A pesar de la gran importancia que tiene la aplicación de pinturas de acabado, no menos significativa es la preparación previa del soporte. En este sentido, aunque el profesional del taller pinte correctamente, el acabado final se ve afectado seriamente cuando determinados pasos previos al pintado se llevan a cabo de forma deficiente, entre los cuales destaca las operaciones de preparación de la pieza que se va a pintar: lijado con granos adecuados y progresivos; soplado y desengrasado; y preparación, mezcla y filtrado de la pintura.

Otras variables como el empleo de productos de baja calidad, un mal enmascarado, no usar paño atrapapolvo, la limpieza inadecuada de la pistola aerográfica o las condiciones térmicas durante el pintado, entre otros, también pueden influir negativamente sobre el proceso de pintado.

Como cualquier técnica propia de trabajos manuales o artesanales, la correcta ejecución de la misma constituye una herramienta de referencia que posibilita la adquisición de la destreza necesaria con mayor rapidez. También establece un criterio comprobado a seguir por el profesional del taller para lograr unos mínimos de calidad, que eliminen o reduzcan al mínimo el riesgo de aparición de defectos.

Dentro de lo que son las técnicas de pintado, se distinguen las técnicas de aplicación de carácter general y las técnicas de pintado que dependen del número de piezas afectadas por la reparación.

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