La historia de los talleres de coches está íntimamente unida al desarrollo de la industria de la automoción, a principios del siglo XX, nos cuentan desde el Blog Ruta 401 de Loctite. Durante los primeros años, los modelos que salieron al mercado lo hicieron con cuentagotas, y sus prestaciones y robustez mecánica eran muy limitadas. Durante esta época, los pocos afortunados que podían permitirse tener un coche, no tenían mecánicos especializados a quién acudir si el vehículo se averiaba. En lugar de eso, tenían que acudir a mecánicos de bicicleta o herreros para que les arreglaran las piezas o les fabricaran unas nuevas.

A partir de los años 20, el despegue de la industria del automóvil fue ya imparable, gracias a la aparición de marcas como Ford y modelos como el Ford T. Algunas de estas marcas comenzaron a sacar nuevas actualizaciones que utilizaban partes de modelos anteriores, y la industria de la reparación comenzó a crecer motivada por la creciente demanda. Comenzaron a surgir los primeros talleres independientes, muchos de ellos especializados en una marca en concreto.

El modelo de trabajo fue evolucionando hasta estabilizarse en el que sería el estándar en la mayoría de países: un negocio muy fragmentado, con muchos talleres de pocos operarios cada uno y en el que el precio se fijaba por el número de horas que el profesional le dedicada a cada cliente, lo que en Estados Unidos se denominó el sistema “Flat Rate”. Después llegaría la 2ª Guerra Mundial, que provocó grandes cambios a todos los niveles, incluida la industria de la automoción.

Las cosas han cambiado mucho, tanto en la industria como en el funcionamiento, organización y variedad de talleres. "Pero hay una cosa que no cambia con el paso de los años", destacan desde Loctite: "el profesional del taller tuvo, tiene y tendrá que evolucionar con los tiempos para adaptarse a las exigencias de la industria, los vehículos y los clientes".