Los sensores de temperatura del gas de escape son sometidos a cargas extremas en el vehículo. Prestan servicio a temperaturas entre -40 °C y 1.200 °C. Es importante que en estas condiciones proporcionen resultados de medición precisos y fiables. Ésta es la única manera de cuidar de que el proceso de combustión sea optimizado y de que las emisiones sean reducidas al mínimo. Las temperaturas, medidas correctamente, son decisivas para que los turbocompresores y catalizadores tengan una larga vida útil, y para que los filtros de partículas se regeneren de forma adecuada. Para satisfacer estas exigencias, Meyle ha ampliado su gama de sensores de temperatura del gas de escape Meyle-Original. Con ello, el surtido de productos abarca más de 150 referencias para casi todas las marcas y cubre más de 26 millones de vehículos en Europa.

Los sensores miden las temperaturas en la corriente del gas de escape y transmiten los resultados a la distribución del motor. Si los sensores no funcionan impecablemente pueden dar lugar a que la mezcla de combustible y aire no sea óptima en el proceso de combustión. Esto tiene un efecto negativo en el consumo de combustible y en las emisiones. Además, las temperaturas demasiado altas también pueden dañar los turbocompresores y los catalizadores. El ajuste exacto de la temperatura en todo el sistema de gases de escape es asimismo necesario para la regeneración de los filtros de partículas. Si los filtros de partículas no se limpian adecuadamente y en el momento correcto, ello puede dar lugar a un fallo prematuro.

Junto con los clientes, los ingenieros de Meyle han desarrollado la nueva gama de sensores con arreglo a las especificaciones de los OEMs. El sensor de temperatura del gas de escape Meyle-Original, con un gran número de orificios de entrada, cuida de que las temperaturas pueden ser medidas con precisión y procesadas con rapidez. El sensor de alta temperatura garantiza el funcionamiento en un margen de -40 °C a 1.200 °C. El tubo flexible de protección térmica, de grandes dimensiones y con revestimiento interior, proporciona un aislamiento óptimo y protección contra esfuerzos térmicos y mecánicos. El resultado: control óptimo de la temperatura para una reducción de las emisiones contaminantes y un consumo eficiente de combustible.