A grandes rasgos, la batería es el elemento que almacena y proporciona la energía eléctrica necesaria para activar el motor de arranque, así como de otros elementos como la iluminación, la radio o el sistema de GPS. En un artículo del Blog Ruta 401, Loctite explica que la primera batería moderna se atribuye al inventor italiano Alessandro Volta, mientras que la primera batería de plomo ácido fue creada ya avanzado el siglo XIX por el ingeniero Henry Tudor.

En estos tiempos, la industria del automóvil todavía no estaba muy desarrollada y el uso de baterías se limitaba a algunos vehículos exclusivos. Uno de estos primeros vehículos con baterías eléctricas fue diseñado para el Sultán otomano Abdul Hamid II (link) en el año 1888. Esta batería alimentaba un vehículo propulsado por un motor de 1 CV y una batería como alimentación adicional, un sistema similar al que se ve en los actuales coches híbridos.

A principios del siglo XX, el desarrollo de las baterías de plomo ácido era mucho mayor y existían vehículos con potencias que rondaban los 5 CV, con baterías que se recargaban cuando el vehículo circulaba a velocidad de crucero.

Durante los años 1950 y 1960, se desarrollaron las llamadas celdas de gel, o lo que es lo mismo, unas baterías que estaban protegidas con una especie de gel a prueba de derrames. A su vez, se dio la situación de que pilas cada vez más pequeñas eran capaces de ofrecer un mayor voltaje, con lo que se redujo el tamaño de las baterías y aumentó la autonomía y la potencia.

Ya a partir de los años 70, se introdujo una de las mejoras más destacadas en el ámbito de las baterías de plomo ácido, con la aparición de las llamadas AGM o baterías absorbentes de malla de fibra de vidrio. Una de las últimas novedades en el sector son las baterías de ion-litio, encaminadas a suministrar soporte a los vehículos eléctricos.