El periodista Jorge Palacios se hace eco en su blog MotorScopio de un estudio del Instituto de la Energía de la Universidad de Michigan que asegura que, pese a los postulados generalmente aceptados por los partidarios de los biocombustibles en el sentido de que son mucho menos dañinos para el clima que los combustibles fósiles, el uso de aquéllos sólo ha contribuido a aumentar de manera muy importante el carbono emitido a la atmósfera durante los ocho años (2005-2013) considerados por dicho estudio.

De esta forma, cita Palacios, un equipo de científicos capitaneados por el profesor John DeCicco concluyen que “los resultados del apoyo financiero y legal que, a través de diferentes subvenciones y normativas viene prestando desde 2005 el gobierno estadounidense para el incremento del uso de biocombustibles, como el bioetanol o el biodiésel, sólo se ha traducido hasta la fecha en un considerable incremento de la cantidad de carbono que, en forma de dióxido de carbono, llega a la atmósfera y que dichos biocombustibles están teniendo, por ahora, efectos mucho más nocivos que la gasolina o el gasóleo fósiles de cara al efecto invernadero”.

Según el periodista, “en el análisis del ciclo de vida se parte de una serie de supuestos y postulados que sitúan a los defensores de los biocombustibles en una posición muy ventajosa. Ellos dan por sentado que es factible alcanzar una situación neutral en que todo el CO2 emitido por los tubos de escape de los vehículos que queman biocombustibles sea absorbido por la función de fotosíntesis de las plantas (maíz, colza y soja entre otras) que se utilizan para la obtención de esos biocombustibles.

El problema, explica el mismo artículo, “es que no se fija cuándo será ello posible y el estudio de DeCicco pone de manifiesto que, por el momento, esa fecha está aún muy lejana”.

De momento, el equipo de la Universidad de Michigan concluye que los cultivos usados para la producción de biocombustibles sólo han absorbido en los ocho años abarcados por su estudio el 37% del CO2, que luego es emitido a la atmósfera al quemar las plantas en el proceso de destilación de los biocombustibles, “lo que significa que hasta ahora sólo se está contribuyendo a aumentar de manera muy importante la cantidad de gases de efecto invernadero presentes en el aire”.