Uno de los principales problemas que se plantean a la hora de conseguir que los coches funcionen sin conductor es la dificultad de hacer que los vehículos "autoaprendan" según los factores que se encuentren cuando circulan. Según recoge un artículo del portal Hipertextual.com, los ingenieros escriben líneas de código que luego comprueban, validan y, si tienen que hacer alguna mejora o modificación, se hacen en base a unos requisitos. Pero ésto no sucede con la inteligencia artificial de los coches autónomos por su extrema complejidad.

Sin embargo, esta inteligencia artificial tendrá que aprender a trabajar bajo cualquier circunstancia pero no es posible probarlo para todas las situaciones, según la misma fuente, por lo que tendrán más información para mejorar en función de la cantidad de kilómetros que recorran.

Además de las diferencias de conducción entre el día y la noche, otra circunstancia es el reconocimiento de los peatones en cualquier situación, vestimenta o movimiento. Para las pruebas del autoaprendizaje, cobra especial importancia la calidad de la información.

Así, será imposible predecir todas las situaciones a las que se deba enfrentar un coche autónomo como, por ejemplo, ante un accidente, un incendio o una explosión. Situaciones muy complejas que son casi imposible de repetir. Un coche autónomo deberá aprenderlas antes para evaluar y responder en tiempo real. Eso, o quedarse parado.