Aunque en Aema-ITV hablan del coche en su último post, la realidad es que los vehículos se parecen a sus dueños, ¿o no?

  • ¿Maniático? No, sólo previsor, meticuloso. Aunque se arriesgue a que le llamen “rarito”, el buen conductor se asegura antes del viaje de que los papeles están en orden. No se le ocurre salir en carretera sin la ITV pasada y sin el seguro en vigor. Tendrá toda la documentación dentro del coche, por si se la exigen, y la pegatina que certifica que el coche ha pasado la inspección técnica de vehículos y está en disposición de circular.
  • Previsor. El buen conductor no se la juega. No compra ruedas baratas de dudosa procedencia o sin fecha de caducidad, ni alarga la vida a las que lleva. Controla o pide en el taller que revisen la presión, la huella. Los estudios apuntan a que más de la mitad de los accidentes de tráfico están relacionados con un mal estado de las ruedas del coche. No es su caso.
  • Ver y que le vean. Sabe que el alumbrado y la iluminación suponen el 24,51% de los defectos graves. Y que antes de llegar a fundirse, una lámpara puede llegar a perder hasta un 30% de su luminosidad, por eso no arriesga. De noche, se asegura que las largas y las antiniebla no fallen.
  • Apretarse el cinturón… de seguridad. Todos sin excepción. Aunque es la parte más olvidada, en la revisión del coche el inspector revisará que funcionan correctamente. Según el Manual de la ITV, donde vienen recogidas las especificaciones para cada tipo de vehículo, deberá llevan cinturón en todos los asientos “excepto en asientos transversales al sentido de la marcha”. Y eso lo sabe el conductor perfecto, como sabe que los espejos no son para verse, sino para ver y que el claxon no puede no funcionar. Es un elemento de seguridad que las ITV revisan a fondo.
  • No se pasa de frenada, ni con los frenos ni con su conducta. Si conduce, no bebe; descansa bien si tiene por delante un largo viaje. Y, por supuesto, los frenos revisados.
  • Cortés (“que no quita lo valiente”). De ceder el paso, de permitir adelantar, de facilitar el recorrido, de usar los intermitentes, de guardar la distancia reglamentaria, de no amenazar con el claxon, de quitar las largas si viene un coche de frente, de no coger el móvil… De eso depende que la circulación fluya o estar atrapado en un atasco. O en algo peor.
  • Sostenible y ecológico. La conciencia del buen ciudadano se traslada a su coche. Conduce de forma eficiente para gastar menos combustible y contaminar lo menos posible, no tiene el motor encendido si no hace falta y nunca tirará nada por la ventanilla del coche.