Muchas son las personas que sufren estrés y, sin quererlo, trasladan estos síntomas a su conducción, que se vuelve más agresiva e inquieta. Pero, ¿en qué medida se puede ver afectado el vehículo? Norauto, la cadena de mantenimiento y equipamiento integral del automóvil, ha identificado estos seis modelos de actuación en la conducción bajo estrés que pueden provocar daños en el vehículo.

1. El estrés hace que se corra más de la cuenta y se exceda la velocidad. Esto hace que al circular por ciudad se realicen más frenazos y acelerones. Los neumáticos y los frenos se ven deteriorados por una conducción agresiva.

2. Se reduce la distancia de seguridad y, por lo tanto, también se frena más de la cuenta y con mayor brusquedad.

3. El conductor está menos alerta ante posible imprevistos, mientras que las posibilidades de sufrir un accidente aumentan considerablemente.

4. Al realizar una conducción más agresiva, en el caso de los coches con palanca de marchas, el conductor tiende a forzar este cambio o a realizarlo demasiado tarde, revolucionando así el motor del vehículo. El motor, la transmisión y el sistema de frenos se deterioran mucho más rápido.

5. Se incumplen más las normas de tráfico y aumentan las posibilidades de colisión. No se ponen los intermitentes, no se cede el paso y se olvidan acciones básicas como ponerse el cinturón de seguridad o colocar bien los espejos retrovisores.

6. El consumo del coche también es mayor, al realizar una conducción más brusca.