Con estas políticas se va consiguiendo poco a poco que el taller cada vez tenga menos conocimiento del cliente y el asegurador “venda un servicio” que no paga habitualmente. Pero el cliente llega a pensar que el facilitador del mismo es su compañía de seguros, no el taller, ya que ella se lo ha indicado. La pregunta que surge es qué hará este cliente cuando cambie de compañía y la otra le ofrezca otro taller. La contestación es obvia: ¿qué pasará con ese taller? Ha estado ofertando servicios gratis, precios ajustados, pintado con tal marca, comprando el recambio en x sitio, generosos descuentos,… a esa compañía que le enviaba coches, pero ni un solo cliente. Es muy sencillo, habrá generado una estructura que necesitará de un mínimo de trabajo para subsistir y que, por tomar decisiones fáciles y cómodas (soy taller concertado y así tengo trabajo), en un principio le pueden llevar al cierre.

También es cierto que puede ocurrir que la “sangre no llegue al río” y siga siendo taller concertado y recibiendo trabajo, que poco a poco se quede sin clientes, pero sí con coches de “compañías colaboradoras”, pero quién pondrá el precio-hora, quién elegirá dónde comprar el recambio, quién dirá con qué pinto,… En definitiva, todos sus márgenes se verán fiscalizados y mediatizados por los únicos clientes que tendrá, pero seguirá trabajando aunque sea para el diablo, corriendo los riesgos y diciendo “amén” cada vez un poquito más.

Esto que he expuesto ya ha ocurrido en el mercado anglosajón y os aseguro que los márgenes en los talleres ingleses son inquietantes, aparte de haber desaparecido ya muchísimos. No nos cansaremos de recomendaros, por ello, que fidelicéis vuestros clientes, que no son más que los usuarios de los automóviles. Las aseguradoras y mutuas son pagadoras en su nombre, por un contrato que les obliga y que ya les han cobrado anticipadamente. No os olvidéis de estos conceptos tan importantes.