El pintado del vehículo culmina el proceso de reparación de daños sobre la carrocería. Sin embargo, existen ciertos factores o malas prácticas que pueden estropear el acabado final, aún cuando la pintura ha sido bien aplicada, según explica Loctite en su un artículo del Blog Ruta 401.

Las malas prácticas que provocan la aparición de rayas tras el pintado son las siguientes: presión en la ejecución del trabajo, limpieza inadecuada de la zona que va a ser reparada y pintada, utilización de lijadoras inadecuadas y/o papeles de lija no normalizados, no seguir la secuencia de lijado adecuada, no verificar el adecuado rebaje de las rayas, no respetar los tiempos de secado, corrección inadecuada de los defectos de pintado y limpieza final del vehículo sin tener en cuenta consideraciones.

La existencia de tiempos de trabajo ajustados, o la necesidad de retocar o repetir un trabajo, conlleva que el profesional del taller se sienta más presionado por la rapidez requerida y, en consecuencia, se incremente el riesgo de cometer una o varias malas prácticas en limpieza como en la utilziación de lijadoras y otros utensilios.

Cuando el vehículo llega al taller, suele estar sucio, motivo por el cual es necesario realizar una limpieza inicial que elimine todo resto de suciedad. Es fundamental retirar completamente cualquier resto sólido como barro o partículas de polvo, ya que de no hacerlo, dichas partículas pueden quedan retenidas en el abrasivo de lijado y provocar rayas profundas que, si no son advertidas, aparecerán tras el pintado.

La lijadora rotorbital dispone de una órbita concreta que determina el tamaño (no la profundidad) de la raya generada. Esta circunstancia hace que, a medida que el proceso de reparación avanza, la órbita empleada deba de ser más reducida. De este modo, se obtiene un acabado más fino que hace que la raya resultante sea menos perceptible a simple vista. La órbita más común y polivalente es la de 5 mm., por ello es utilizada para el lijado de masillas, aparejos y otras pinturas. A pesar de ello, para el lijado de parches de masilla de mayor extensión se puede emplear una órbita de 7 mm., mientras que el lijado del aparejo se recomienda hacerlo con una órbita 5.

En relación al papel de lija empleado, ha de disponer del marcado normalizado de la Federación Europea de Productos Abrasivos (FEPA). Para identificar un grano normalizado, basta con asegurarse que delante del número que hace referencia al grano del abrasivo aparece una letra “P”, por ejemplo: P-80, P-320 o P-1500.

No seguir la secuencia de lijado adecuada para cada producto, revestimiento o pintura que, 'a posteriori', servirá de soporte para otro producto, hace que el riesgo de aparición de rayas tras el pintado, o incluso pasados unos días (cuando la pintura cura totalmente), aumente exponencialmente. Por ello, tanto el lijado de la masilla o del aparejo, como cualquier otro revestimiento que sirva de soporte para capas de pintura posteriores, tiene una influencia significativa sobre la calidad final de una reparación.

A veces, seguir la secuencia de lijado estipulada no es garantía total de que las rayas han sido rebajadas convenientemente. Esto se debe a que, para eliminar las rayas más profundas, se precisa de un lijado más insistente. Para facilitar el control de afinado, en el mercado existen guías de lijado en polvo o aerosol de color oscuro que tintan la superficie, se introducen en el interior de la raya y del defecto, y que, tras el lijado, hacen resaltar la anomalía respecto a la superficie lijada.

Cualquier producto que se aplica en el taller dispone de un tiempo de secado que hay que respetar para que obtenga su máxima dureza y resistencia superficial. Si este tiempo no es tenido en cuenta, el efecto del grano sobre la capa de pintura se magnifica, generando rayas más profundas de lo que deberían ser, con el consiguiente riesgo de que “rechupen” 'a posteriori'.

Tras el barnizado de las piezas dañadas, existe la posibilidad de que aparezcan en la superficie pequeños defectos, como descuelgues o motas de polvo, que es necesario corregir para mejorar el acabado y la calidad de la reparación. Se recomienda, para conseguir el mejor acabado, secar con infrarrojos de onda corta la superficie de actuación y luego efectuar el lijado con una secuencia de grano que, una vez rebajado el defecto, continúe con P-1500, P-3000 y P-6000 (o similar) antes de realizar el pulido y abrillantado de la superficie.