Los sistemas de iluminación profesionales son una verdadera ventaja para los talleres de chapa y pintura. Los clientes asocian unas instalaciones luminosas con la fiabilidad y la experiencia, y a los empleados también les es más fácil trabajar en un entorno bien iluminado. Cada zona -la recepción de clientes, la zona de aceptación de vehículos, la zona de preparación, la cabina de repintado y la zona de acabado del vehículo- tiene sus propios requisitos especiales que deberían ser cumplidos por la solución de iluminación correspondiente. Por norma general, la iluminación ha de satisfacer las necesidades de la tarea visual que se está llevando a cabo, de los productos que se están procesando y del tipo de espacio. Además, debería proceder de una fuente de luz sin fluctuaciones y que no deslumbre, para evitar reflejos.

Hasta el 90 por ciento de la información se percibe a través de la vista. Y como la luz sirve como portador de información, es importante que en el taller se combine el uso de luz natural y luz artificial. El color de la luz también tiene un impacto directo en los empleados y en su trabajo, ya que la percepción del color cambia dependiendo del contenido blanco, rojo o azul de la luz disponible. La luz también es un factor importante a la hora de calcular el coste de una reparación, para valorar correctamente el daño y la cantidad de trabajo necesario. El vehículo debe estar iluminado de forma uniforme por todos los lados, evitando las sombras duras. Pero solo con esto no basta. Para igualar el color con exactitud, éste se ha de reproducir de forma fiel al original, y ello requiere una luz cuyas propiedades sean lo más parecidas posible a la luz de día natural. Debería tener una temperatura del color de entre 5.300 y 6.500 Kelvin y una composición espectral igual que la luz solar. Los talleres normalmente utilizan lámparas fluorescentes de color 965 (blanco luz diurna). En resumen: un buen sistema de iluminación no solo ayuda a evitar errores y tener que repetir un trabajo (con el consiguiente coste que esto implica), sino que además puede ayudar a prevenir accidentes y riesgos para la salud.

Como muchas otras cosas, los sistemas de iluminación también se deterioran y se les ha de hacer un mantenimiento periódico. Aunque normalmente no se advierte de forma inmediata, la iluminación va disminuyendo debido al desgaste natural, la contaminación o simplemente porque las lámparas se estropean. Para prevenir la pérdida de potencia, las lámparas fluorescentes deberían sustituirse después de unas 10.000 horas de funcionamiento (aproximadamente cada cinco-diez años). La calidad de la luz se puede mejorar con unas medidas relativamente sencillas, como usar lámparas fluorescentes con reflectores. Cuando se usan lámparas portátiles, estas deberían ser de buena calidad y se deberían revisar periódicamente, ya que también ayudan a determinar el color exacto y la calidad global de la reparación.

Finalmente, está la cuestión del coste, que es muy importante para cualquier gerente de taller. Es difícil realizar un cálculo detallado de la rentabilidad, ya que los errores, repeticiones del trabajo, accidentes y/o problemas de salud ocasionados por una iluminación deficiente no se pueden cuantificar de forma precisa. Los puestos de trabajo bien equipados se diseñan para garantizar la seguridad y ayudar a proteger la salud de los empleados y el rendimiento del taller, y al mismo tiempo reducir los costosos tiempos de permanencia en el taller o el hecho de tener que repetir el trabajo. En el sector de la iluminación también han surgido innovaciones, como los balastos electrónicos de nueva generación, los diseños de lámparas modificadas y las lámparas de mayor eficiencia energética. Estas innovaciones han incrementado la eficiencia de los sistemas de iluminación, lo que significa que hoy en día su funcionamiento es mucho más económico que hace unos años.