Todos estamos viendo, hace ya tiempo, que la utilización de las bancadas es prácticamente residual, pues si la empleamos es, en ocasiones, por seguridad y “comodidad”, más que por estricta necesidad. Precisamos, por tanto, menos chapistas con grandes cualidades artesanales, si bien, por otro lado, vemos que los sistemas de valoración son más sofisticados y nos hacen manejarnos con varios baremos.

Estos baremos, además, presentan, resultados diferentes, ya que para competir en las mismas condiciones debemos entrar en juegos con determinados descuentos, distintos precios-hora, comprar tal o cual pintura, utilizar uno u otro recambista, dejar un coche al cliente, informar a la compañía o empresa de renting de nuestra disponibilidad de trabajo cada día, hacerles nosotros los presupuestos, las fotografías,… En definitiva, asumir una serie de cargas técnicas administrativas, eso sí, controladas, fiscalizadas y “marcándonos” los márgenes incluso nuestros propios clientes de toda la vida, que se acercan a nuestros talleres y que son, a la vez, clientes de una u otra compañía y eso ¿por qué?, porque dejamos  que nos confundan o no nos confunden, pero pensamos aquello tan nuestro de “si no lo hago yo, lo hará otro”. Efectivamente es así, si bien ese otro cada año que pase tendrá menos clientes propios, pintará únicamente con una marca, comprará el recambio en un solo sitio y no podrá poner el precio-hora que estime su cuenta de explotación, sino la que comercialmente pacte.

Cada vez dependerá más de unas pocas cuentas a las que facturar que, por “casualidades”, le aplicarán precios muy parecidos en sus negociaciones y cada vez tendrán más controlados sus márgenes, hasta poder disponer de dejarle el que estimen.

Siempre sin riesgo para ellos, sin contratos de penalización, sin garantías de mínimos de facturación, sin participación en las posibles pérdidas,… En resumen, al final se cumplirá aquello de “pan para hoy, hambre para mañana”, que todo deje de ser tan confuso o cada año será peor.

Y feliz vuelta de vacaciones al mundo real del taller.