Hella recuerda que el buen estado del sistema de aire acondicionado no sólo influye en el confort de los ocupantes, sino también en la salud -pueden aparecer microorganismos perjudiciales, sobre todo para personas con problemas respiratorios-, en la seguridad -el calor nos hace más lentos de reflejos y distrae nuestra atención en la carretera- y en el ahorro -un problema leve puede originar averías más costosas, y además puede incrementar el consumo de combustible-.

El aire acondicionado debe desinfectarse con regularidad. Por su ubicación, el evaporador ofrece las condiciones ideales para la aparición de bacterias, hongos y otros microorganismos. Estos peligrosos compañeros de viaje llegan al habitáculo a través del sistema de ventilación, pudiendo provocar reacciones alérgicas y problemas para las personas con enfermedades respiratorias.

Por otro lado, los embotellamientos fruto de los desplazamientos de verano hacen que pasemos bajo el sol más tiempo del que teníamos pensado, por lo que sentirse a gusto dentro del coche puede marcar la diferencia entre un buen viaje y un viaje agobiante y pesado. Además, con el paso del tiempo, las partículas de suciedad que el filtro del habitáculo mantiene a raya reaccionan ante la humedad del aire. Si el filtro ya es muy viejo, pueden formarse olores desagradables. Sustituyéndolo de manera periódica y desinfectando el evaporador, se eliminan estos problemas y se evita que vuelvan a surgir.

En el caso de la seguridad, al aumentar la temperatura, la capacidad de concentración se reduce y el cuerpo se cansa más rápidamente. Al mismo tiempo disminuye nuestra capacidad de concentración y reacción, y aumentan las posibilidades de sufrir un accidente. El aire acondicionado del vehículo enfría el habitáculo hasta una temperatura agradable, eliminando al mismo tiempo la humedad del aire. De este modo, nuestra atención al tráfico permanece activa durante más tiempo.

Y en cuanto al ahorro, la potencia de refrigeración disminuye con el paso del tiempo debido a la pérdida natural del gas refrigerante. Con ello, se corre el peligro de sufrir daños en el compresor, donde los costes son elevados. Además, un filtro deshidratante saturado puede originar la formación de corrosión. El mantenimiento preventivo periódico del aire acondicionado evita posibles daños y costosas reparaciones provocadas por la humedad.

Por otra parte, si falta gas refrigerante, para mantener la potencia de refrigeración de manera continua, el compresor está funcionando más a menudo y durante más tiempo de lo habitual. Ello conlleva naturalmente un consumo extra de combustible, que suele ser del 5-10%. Sin embargo, esta cifra es relativa, ya que depende del tipo de sistema de aire acondicionado, de su cuidado y mantenimiento, de la situación en la que circule el vehículo, de la temperatura exterior y de las costumbres del propio conductor. En ciudad, este consumo extra es algo mayor que en la conducción interurbana o en autovía. Los vehículos que viajan sin aire acondicionado suelen circular con las ventanas/techos solares abiertos, con lo que también aumenta casi en la misma medida el consumo de combustible debido a la elevada resistencia al aire.