Todos los días, a mediodía, una avioneta sobrevuele la ciudad alemana de Ulm, y especialmente la sede de Liqui Moly, exhibiendo un cartel publicitario. “Un pequeño saludo a nuestra ciudad y mi enorme agradecimiento a todos ustedes”, afirma Ernst Prost, director gerente del especialista en aceites y aditivos.

En opinión de Prost, “una empresa es como un cuerpo. Hay puntos fuertes y puntos débiles. Y a veces, también hay enfermedades... Algunas características del cuerpo nos llevan a grandes resultados y otras, sin embargo, a molestias, dolores o incluso la muerte. Nuestro deber es multiplicar los puntos fuertes y eliminar los débiles. Dedicarse solo a uno y desatender lo otro no ayuda realmente, da igual qué aspecto estemos atendiendo. Resaltar las fortalezas al mismo tiempo que se acaba con las debilidades, eso sigue teniendo vigencia. Creo que eso lo hacemos muy bien, porque somos muy sinceros e implacables en el análisis de nuestros puntos fuertes y puntos débiles. Maquillar las cosas tampoco sirve de nada”.

“De vez en cuando aparecen enfermedades y resulta que ni el cuerpo ni la empresa están como deberían o como uno querría. Y a veces llega todo de golpe y porrazo. La enfermedad también forma parte de la vida y de la existencia de una empresa. Y como lo haría un buen médico responsable, lo primero que hay que hacer para empezar con el tratamiento es el diagnóstico”.

Ahora nos encontramos en el momento de combatir la enfermedad. En palabras del gerente de Liqui Moly, “el virus nos está zarandeando violentamente. Hay algunas enfermedades con las que se puede convivir, hay otras que necesitan tratamiento y hay otras que se tienen que combatir con la artillería pesada y exterminarlas para que no causen más estragos. No se puede tomar nada a la ligera. Por eso hay que estar siempre atento e intervenir. Ya conocen uno de mis lemas preferidos: ¡Resistirse a inicios!”.

Ernst Prost Liqui Moly

“Como en cualquier enfermedad física o mental, también es crucial para la empresa mantener el optimismo, tener esperanzas y no cejar en el esfuerzo de hacer todo lo posible para volver a recuperar la salud. La enfermedad es parte de la vida y las crisis son parte de los negocios. Desde que tengo memoria, siempre pasaba algo, algo que no venía bien, que no servía para nada, pero que de todas formas acababa ocurriendo. Mi estrategia: no entrar en pánico, despachar las cosas con tranquilidad y objetividad, y resolver los problemas enérgicamente. Hay que hacer nuestras tareas todos los días con tenacidad y optimismo, con dedicación y motivación, y, por qué no, con alegría y mucho humor. Infórmese, aprenda, sea previsor y luego reme como el que más. Eso es lo que quiero para nosotros”, continúa el responsable.

La Ley de Murphy, “Todo lo que pueda ir mal, acabará yendo mal...”, acaba de perder toda su carga negativa. “Cuando se conoce algo, puede uno prepararse y se libra de decepciones y sorpresas. Es simplemente una cuestión de actitud frente a la vida, el trabajo y, también, cuestión de mentalidad. Tengo claro que debido al virus y al confinamiento no estamos muy bien. Por eso no tenemos tiempo para reposar, tampoco hay razón para estar satisfechos y no es el momento de distraerse con pasatiempos, hay mucha tela que cortar. me gustan las cosas perfectas, nada de medias tintas... No me gusta perder. Quiero ganar siempre, junto con ustedes y con nuestros compañeros de negocio de todo el mundo”.

Por eso, Ernst Prost pide pensar en los proyectos y actividades también por su finalidad. “Es decir, por el resultado, por los efectos que van a tener nuestras decisiones para todos los implicados. Por las consecuencias que tiene algo cuando se echa a rodar (o no se hace). Pensar detenidamente qué significa para nosotros, antes de que se vayan todos corriendo. (O se queden quietos). ¿Cuánto vale un proyecto en su totalidad? ¿Cuánto tiempo se necesita? ¿Qué hay que hacer? ¿Qué implica la decisión para nosotros y nuestros clientes? Y la pregunta del millón: ¿Es necesario y tiene sentido? El horizonte de los planes suele colocarse muy cerca. Cuando después las cosas se tuercen o nos sorprenden los imprevistos, entonces nos topamos con un fracaso anunciado... Por favor, antes de empezar con algo, piense detenidamente de qué se trata exactamente, qué cosas podrían ocurrir, qué sentido tiene, qué provecho tiene y todo lo que hay que hacer para alcanzar la meta. También nuestros recursos son finitos... El tiempo es oro y cualquier tipo de desperdicio es un pecado”.

“En estos momentos nos azotan las condiciones más detestables”, añade el gerente de Liqui Moly. “Básicamente se pueden achacar todas las catástrofes al coronavirus y a las decisiones y reacciones que ha provocado en la clase política de todo el mundo. El miedo al miedo... el pánico al pánico y comportamiento demasiado humano, muchas veces irracional: la enfermedad, la economía y la psicología... Y ahora tenemos un cacao en forma de crisis económica. Y así no hay manera: desplome de las ganancias en todos los sectores, en miles de empresas. Pérdidas, quiebras, jornadas reducidas, despidos”.

“¿Qué hay que hacer en las crisis? Concentrarse por completo en lo esencial. Nada de tonterías. Nada de desperdiciar el tiempo y el dinero. Nada de perseguir unicornios o hacer castillos en el aire. Necesitamos a los pragmáticos, a los trabajadores, a los hacedores. Si en los próximos meses no rendimos al 100%, estamos perdidos... Sigamos luchando hombro con hombro tan fabulosa y apasionadamente como hemos venido haciéndolo desde que empezara la crisis”.