En su última circular a sus compañeros de trabajo, Ernst  Prost, director gerente de Liqui Moly, habla de la jornada reducida, los despidos y de la responsabilidad social de los directores y empresarios. “No se trata de simples números o masas anónimas. Se trata de personas. Y todas las personas cuentan. A los inversores financieros esta perspectiva les puede resultar totalmente extraña. No a un empresario. Más bien al contrario: las personas cuentan más que los beneficios. Así es como pensamos y actuamos nosotros. Reconozco que se necesita mucha firmeza y defender con entereza los principios para no abandonar esta actitud. Por un lado, está el desempleo, la pobreza en la vejez, el salario mínimo, vivir como un marginado; y, por otr,o están las ganancias, los beneficios, la rentabilidad y millones y más millones de euros y dólares... No hablo de honestidad o de justicia, hablo de que tenga sentido o no para una economía nacional, para una sociedad”.

“No es verdad que aquellos que tienen poco, o no tienen nada, no rinden ni trabajan", indica Prost. "Cuando los salarios son bajos y los gastos para alquiler, hijos y familia son altos, no se puede progresar mucho ni ahorrar para la vejez. No todos los trabajos se pagan como debieran. El trabajo tiene que merecer la pena. El trabajo bien hecho tiene que estar bien pagado. Hay que perseguir el fraude fiscal y, como es ilegal, debe ser castigado duramente”.

“En todos los círculos se habla del riesgo empresarial. Sin duda existe. Más de un empresario tiene que luchar día y noche para sacar adelante a su familia y a sus empleados. Pero también hay suficientes empresas, y no precisamente las más pequeñas, en las que el riesgo empresarial recae sobre las espaldas de los empleados...". Según recoge el responsable en la misiva, "tal y como se puede ver con toda claridad en esta crisis, precisamente las personas que han trabajado por el bienestar de la empresa van a la calle cuando las cosas no van tan bien... Y cuando van mal, después de soportar décadas de salarios insuficientes, basta con que llegue una crisis para que les den la patada para siempre, mientras que el riesgo empresarial para el inversor se reduce a que, un año, los millones de ganancias se escriban con un sólo dígito, en vez de con dos”.

Ernst Prost concluye diciendo que “siempre merece la pena fijarse en el valor del trabajo. Y éste se expresa en el sueldo, prestaciones sociales y en puestos de trabajo seguros. No se puede permitir de ninguna manera que el riesgo empresarial recaiga sobre los hombros más débiles. Todos aquellos que participan en una cadena de valor tienen que recibir su parte del valor monetario que han generado. No creo que sirva de nada servir solamente al capital y dejarle las migajas a los trabajadores y empleados, que son precisamente quienes con su trabajo logran que el capital se multiplique. Sería un fracaso monumental de todo nuestro sistema económico y de nuestro orden social”.