“Para que este encierro no deje un montón de escombros, se tiene que ir poniendo en marcha todo, muy despacio. Con cuidado, pero también de manera coherente para que podamos escapar de las garras del colapso económico. Tiene que aparecer de nuevo el consumo. Comprar y vender. Producir y consumir. Y volver a invertir con optimismo, valentía y decisión. Todos, empresas y hogares”, opina Ernst Prost, director gerente de Liqui Moly, en una circular a sus empleados.

“Eso es lo valioso. A la larga, no sirven los miles de millones de ayudas estatales, ni los subsidios, ni los créditos ni nada que se le parezca. Los créditos no pueden sustituir a las ventas. Sólo aquellas empresas que puedan abrir, tendrán trabajo, ventas y rendimiento”, opina Prost.

“Dineros de rescate, bajadas de impuestos o subsidios más altos, no es que no sirvan de nada si las personas no pueden ir a comprar, sino que es un 'regalo envenenado' para aquellas personas que demandan ahora más dinero del Estado de lo que ellos recibirían si trabajaran. Las ayuda transitorias están bien... ayudar siempre está bien. Pero esto no se debe convertir en un estado permanente. Tenemos que recuperar lo que teníamos antes del coronavirus”, añade el director gerente de Liqui Moly.

En su opinión, “si todos tenemos trabajo, entonces tendremos ingresos y podremos comprar. Parece sencillo, pero es la piedra angular de nuestra economía libre de mercado. El objetivo es el pleno empleo con salarios y sueldos dignos. No es la función del Estado el conseguirlo, sino de la sociedad, los ciudadanos, las empresas con sus plantillas, es decir, de todos nosotros. Ha llegado el momento de las mentes creadoras, de los trabajadores aplicados, de aquellos que creen en el futuro, de que los que creen en sí mismos se apasionen y se les ocurra algo y se pongan manos a la obra. Si ligamos el subsidio a una prohibición de trabajar, no lograremos el repunte. Me refiero a eso también cuando digo regalo envenenado”.

“Si se bajan las palancas y se detiene la empresa por completo, como ha hecho más de uno sin tener necesidad de ello, entonces no debe extrañar que esté todo parado. Eso no es culpa de la crisis, sino de cómo se reacciona ante ella”. Según concluye Ernst Prost, “nosotros continuamos y vamos ocupando los huecos que la competencia va dejando. Aprovechamos nuestra oportunidad, precisamente en la crisis, porque no abandonamos o buscamos que nos proteja el Estado, nos mantenemos firmes y es precisamente así como nos imponemos”.