El mes pasado fue para Liqui Moly el mejor noviembre de su historia, alcanzando una facturación de casi 62 millones de euros, pero también la segunda mayor facturación mensual (después de enero), creciendo un 26% en comparación con el mes anterior.

Tras la llegada de la pandemia del coronavirus, el fabricante de aceites y aditivos se enfrentó a la crisis sin despedir a ningún trabajador ni recurrir a la jornada reducida; al contrario, ha contratado a 101 nuevos empleados. La compañía tampoco ha recortado las inversiones, sino que las ha incrementado, por ejemplo, duplicando el presupuesto de marketing. “Vivimos de los buenos años pre-crisis. Por suerte, teníamos reservas. Así podemos invertir ahora en el futuro”, afirma el director gerente Ernst Prost.

“Por primera vez desde hace muchos meses, volvimos a registrar en noviembre un crecimiento de dos dígitos en las ventas. A la vista de nuestras inversiones en los cuatro pilares: personas, marca, equipamiento y mercados, esto supone simplemente la consecuencia lógica de nuestro esfuerzo”, destaca Ernst Prost.

“Con un aumento de 26% en noviembre, hemos podido salir del valle de lágrimas. Hasta ahora, crecemos al 4,5% y para diciembre las carteras de pedidos ya están llenas. Por eso -añade el responsable-, tenemos que aprovechar cada hora disponible tanto en la producción como en los envíos para poder atender a nuestros clientes. El año que viene, Liqui Moly quiere volver a engancharse a los récords del pasado”.