Para poder detener un vehículo en marcha se necesita absorber la energía cinética que se produce con su movimiento, apunta Loctite en un artículo que les adjuntamos íntegro.

Por eso todos los coches están equipados con un sistema de frenado, que puede ser fijo como los compuestos por zapatas o pastillas de freno, y móviles, que son los que funcionan a través de tambores o discos de freno.

Su funcionamiento es muy sencillo: cuando estos sistemas se frotan entre sí, se produce una detención del movimiento de las ruedas y esta energía se convierte en calor, que se disipa por las corrientes de aire que circulan a través de sus componentes.

La tipología de frenos empleados en las ruedas va a depender de los elementos y la forma en la que se efectúa el desplazamiento de la parte móvil.