El sector de la señalización vertical, la seguridad vial y la movilidad urbana, a través de la asociación Afasemetra, ha denunciado “las malas prácticas que están realizando algunos municipios con el fin de actualizar la señalización vertical de sus calles” tras la aprobación de los nuevos límites genéricos de velocidad realizada recientemente por la Dirección General de Tráfico (DGT), que entran en vigor en mayo de 2021.

En concreto, para reemplazar el límite genérico en las señales existentes, se está recurriendo en diversos municipios a “colocar encima láminas retrorreflectantes con la nueva velocidad sobre las señales existentes, lo que no es recomendable en absoluto y puede no cumplir con las medidas mínimas de seguridad vial que se deben exigir”, según confirma el presidente de Afasemtra, Francisco Cano. Se trata de una práctica que “vuelve a repetirse tras el cambio en el límite genérico de velocidad en autopistas y autovías en el año 2011”, añade.

Con la nueva reglamentación, en las vías con plataforma única, es decir, donde no existe diferencia de altura entre calzada y acera, el límite será de 20 km/h; en las de un solo carril por sentido, de 30 km/h; mientras que, en vías de dos o más carriles por sentido, será de 50 km/h, por lo que la señalización correspondiente debe actualizarse.

Afasemetra recuerda que los requisitos imprescindibles de la señalización vertical son los de visibilidad, legibilidad, comprensibilidad y credibilidad, para los que la entidad recomienda, en primer lugar, realizar una revisión del estado de las señales. “Si a una señal con más de 10 años -garantía que da el fabricante- le ponemos un parche de lámina retrorreflectante nueva, se va a notar la diferencia con toda seguridad y sobre todo en condiciones nocturnas donde el conductor solo verá el parche y no la señal completa”. Lo correcto es, según su presidente, “utilizar el tamaño de señal adecuado para cada tipo de vía, así como material retrorreflectante al tratarse de una señal de reglamentación según se indica en el artículo 136 del Reglamento General de Circulación”.

Asimismo, estas nuevas señales deben cumplir los principales estándares de calidad y contar como mínimo con el Marcado CE obligatorio para la señalización permanente, al igual que sucede en las vías interurbanas.

Otro aspecto decisivo es la forma de fabricación de las señales. La aplicación de las láminas retrorreflectantes debe realizarse en un lugar cerrado y con unas condiciones de temperatura y humedad controladas. Además, se deben aplicar sobre superficies metálicas perfectamente limpias y secas, en posición horizontal para garantizar una presión constante y uniforme.

“Poner láminas sobre las señales instaladas implica no cumplir con estos requisitos técnicos mínimos, pudiendo originarse embolsamientos, falta de adherencia al estar sucio el sustrato, transparencia ya que en algunos casos las láminas dejan ver el fondo con la velocidad anterior, o incluso no cubren la zona íntegramente, por lo que producen una alta confusión. En definitiva es un parche”, comenta el presidente de Afasemetra, quien indica “que el ahorro que se produce utilizando láminas es mínimo y puede ocurrir que en poco tiempo la adhesión defectuosa haga que sea necesario sustituir la señal, con lo que el coste se incrementaría”.

Por otro lado, la asociación asegura que existe una falta de un inventario real sobre cuántas señales existen, cuántas están deterioradas y qué cambios necesitan para cumplir con la ley en la mayoría de los municipios. Esto puede “conllevar retrasos en el cambio de señalización, provocando un importante problema de confusión entre los ciudadanos, pero que no se puede resolver con una solución transitoria y de pocas garantías como es poner una lámina que no cumple ningún requisito”.