También llamado gas para automoción o Gases Licuados del Petróleo, el GLP es un gas licuado que se utiliza para alimentar motores de combustión, y es tan válido como la gasolina, el gasóleo o el gas natural, recogen en un post del Blog Ruta 401. Se obtiene durante el proceso de extracción del gas natural y crudo, y tiene un alto grado de pureza, lo que impide su envejecimiento y mejora su conservación.

En comparación con la gasolina, el GLP tiene un gran poder antidetonante y, según la proporción de propano y butano, un octanaje de entre 105 y 115 octanos. Según el mercado, la relación de mezcla en verano es de 50:50 (en porcentaje de propano-butano) y de 85:15 en invierno, relación que puede variar según el proveedor. Por eso, ya que el propano aporta menos energía que el butano, en invierno el consumo de GLP es ligeramente superior.

Para que un vehículo GLP pueda funcionar necesita un manguito de llenado de gas, depósito de gas, pulsador con indicación de nivel de gas y conmutador de selección de combustible, evaporador, filtro de gas y conducto distribuidor de gas con válvulas de insuflado de gas.

Entre sus beneficios se encuentran una reducción de los costes de combustible, uso en vehículos con motor gasolina, red de estaciones de servicio en continuo crecimiento, gran autonomía, producción de menos emisiones contaminantes, ventajas fiscales en algunos países (en España reduce los gastos de matriculación), resistencia al motor y mayor valor de recompra. Aunque el consumo de GLP es aproximadamente un 30% superior que el de la gasolina, la gran diferencia de precio a favor del gas lo compensa.