Hace muy poco se dio a conocer una noticia que parece poner en entredicho el supuesto potencial de futuro de los vehículos eléctricos. En cuestión de automóviles las previsiones manejadas por el Ministerio de Industria se nos antojan ahora (también entonces) desorbitadas y absurdamente optimistas. Sólo hay que comprobar como en los ocho primeros meses del año apenas se han matriculado 197 automóviles eléctricos; lejos, muy lejos de los 12.000 vaticinados para finales de año.

Bien es cierto que siempre hemos apostado por este tipo de vehículos pero contemplando un horizonte mucho más realista. Por el momento la solución eléctrica topa con ciertas dificultades que reducen el radio de acción eficiente de estos vehículos ecológicos.

Cumplir apenas con el 1,6% de lo previsto como objetivo por el Plan de Acción del Vehículo Eléctrico puede considerarse un fracaso sin paliativos, de manera que sólo queda interrogarse acerca de las causas de esa poca expectación.

La misma GANVAM ha llegado a asegurar que los eléctricos despiertan escaso interés entre el público y puede que esa reticencia tenga mucho que ver por los diferentes obstáculos que ha de salvar todavía este tipo de tecnología, aunque mucho nos tememos que el gran lastre sea el precio final del producto, hasta dos y tres veces superior al de un automóvil convencional. Eso, por mucha subvención que exista no hay bolsillo que lo resista en medio de una situación de profunda crisis como la que atravesamos.

No obstante, se siguen sucediendo los ejemplos de apuesta por este nuevo sector de la automoción; sin ir más lejos acaba de dar comienzo en Paris un servicio de alquiler de coches eléctricos similar al bicing de Barcelona; asimismo, el ayuntamiento de Lleida ha mostrado su interés por incorporar este tipo de vehículos en su parque móvil a imagen y semejanza de otros consistorios españoles… es decir, existe un interés en promover su uso y disfrute.

Y por eso seguimos apostando. Creemos firmemente en esta solución, puede que hasta ahora no se haya gestionado de forma adecuada, que no se haya transmitido correctamente la idea al gran público, pero en cualquier caso estamos seguros que esa oferta irá materializándose paulatinamente.

Cuestión de tiempo.