“La correcta conservación y mantenimiento de un vehículo es una responsabilidad del conductor que multiplica la seguridad vial y el ahorro de costes”. Por eso, y ante la llegada del invierno, la Asociación Industrial de Talleres de Reparación de Automóviles de Santa Cruz de Tenerife (Asintra) quiere recordar que “es clave acudir periódicamente a profesionales de confianza para verificar en qué estado se encuentran determinados elementos y evitar así deficiencias que provoquen fallos mecánicos de consecuencias graves”.

- Neumáticos. Comprobar su estado es fundamental al ser el único contacto entre el vehículo y la calzada. Es necesario revisar el estado del dibujo del neumático, que no debe presentar desgastes anormales y ha de mantener una profundidad mínima en toda su superficie de 1,6 milímetros. Además, una presión inadecuada produce una mala adherencia y un desgaste incorrecto. También es importante comprobar la alineación (geometría) de las ruedas.

- Amortiguadores. Su mal estado afecta negativamente a la estabilidad del vehículo, aumenta las distancias de frenado y hace más difícil mantener la trayectoria deseada, factores que se ven agravados cuando se circula sobre un pavimento con baja adherencia. Resulta difícil para un conductor detectar el deterioro de los amortiguadores, por lo que es recomendable encargar al taller su revisión.

- Frenos. Si la carretera está húmeda o mojada, aumenta la distancia de frenado. Con pastillas y discos desgastados, pérdidas de líquido, eficacia de frenado diferente en cada lado del vehículo o peligro de bloqueo de alguna rueda, el accidente está servido.

- Dirección. Guiar un vehículo sobre el asfalto supone un trabajo complejo y delicado para los órganos de dirección, sobre todo si se suman elementos adversos como un fuerte viento o un piso deslizante. La dirección es un mecanismo de precisión y, en tales circunstancias, es esencial que funcione sin holguras ni otros defectos mecánicos provocados por desgaste o accidente. La gran mayoría de los sistemas de dirección actuales cuentan con asistencias hidráulicas, por lo que suelen entran en escena líquidos y poleas que también requieren atención

- Iluminación. Si los faros no iluminan la carretera de forma correcta, más aún con niebla, lluvia o nieve, estamos poniendo en juego nuestra seguridad y la de otros usuarios. El sistema de iluminación, y por extensión el de señalización, puede presentar una serie de anomalías que es obligado verificar: el reglaje de los faros, para que repartan su haz de forma adecuada sobre la calzada y para evitar el deslumbramiento de los conductores que vienen de frente; y el envejecimiento de lámparas y ópticas, que reduce el nivel lumínico y el alcance, lo que obliga a forzar la vista con la consiguiente fatiga, causa de más de un accidente.

- Limpiaparabrisas. Las raquetas limpiaparabrisas gastadas dejan marcas sobre los cristales que dificultan mucho la visión, especialmente a contraluz y con la iluminación nocturna. La falta de líquido lavaparabrisas puede ponernos también en apuros en algunas ocasiones.

- Calefacción y aire acondicionado. Este equipamiento o la más humilde calefacción del vehículo juegan otro papel importante en invierno. No sólo hay que contar con un adecuado grado de confort, sino con un sistema de desempañado eficaz y rápido que permita circular en las mejores condiciones de visibilidad.

- Batería y sistema de arranque. Las condiciones invernales exigen un mayor esfuerzo a las baterías y al sistema de arranque en general. Es necesario proteger los bornes, comprobar el nivel y calidad del electrolito, así como asegurarse del buen funcionamiento de los calentadores en los motores diésel.