En el marco de la Semana Europea de la Movilidad, desde el RACE quieren reiterar su “preocupación” ante la futura implantación del Plan A del Ayuntamiento de Madrid, especialmente después de conocer los resultados del estudio elaborado por el Observatorio Español de Conductores DUCIT entre 1.800 madrileños que utilizan sus vehículos habitualmente en el centro de la capital.

Entre las conclusiones, los ciudadanos manifiestan sus dudas sobre la eficacia de la implantación de un plan que les genera más rechazo cuantos más detalles conocen. Así, el 65% afirma no tener transporte alternativo, o tenerlo pero con muchas dificultades en el caso de que el Consistorio siga adelante con su batería de medidas. Además, explican que, como media, tardarían el doble en llegar a sus puestos de trabajo, unas cifras que, en sólo un año, equivaldrían a 42 jornadas laborales más.

La situación se agrava cuando, a su juicio, tanta pérdida de calidad de vida tampoco serviría para lograr el objetivo común deseado. Y es que los madrileños tampoco aprueban el fin último del Plan A, ya que consideran que su eficacia es “limitada” en su propósito de reducir los niveles de contaminación en la ciudad. De acuerdo al estudio, los usuarios utilizan el vehículo para trabajar, lo que se refleja en el hecho de que un 72% de los conductores de Madrid capital se desplaza a su trabajo en su vehículo, un número que asciende al 85% en caso de los conductores de la provincia.

Tras analizar las medidas del Plan A, el RACE considera que “éstas son estériles a la hora de solucionar el problema de la contaminación. Todo lo contrario: la falta de alternativas reales de movilidad provocaría más atascos en la periferia, desplazando la ‘boina' de contaminación hacia el extrarradio haciéndola más grande y generando molestias, en muchos casos insalvables, para miles de ciudadanos que necesitan su vehículo para desplazarse a sus trabajos”. Es más, según la entidad, “los niveles de NOx que arrojan las mediciones actuales son ya mayores en las estaciones más alejadas del centro de la ciudad que en las presentes en la conocida como almendra central”.

“Dentro de la necesidad de una mesa de diálogo abierta y con la participación de todos los actores implicados en la movilidad, y no sólo entre los afines a las ideas del consistorio”, el RACE recalca la necesidad de “sentarse a establecer nuevas medidas que sí sean efectivas y que ofrezcan alternativas reales de movilidad a los conductores”. Así, el Club de Automovilistas quiere poner el foco en algunas opciones alternativas para que sean debatidas de cara a una posible implementación:

  • Estímulos para el “rejuvenecimiento” del parque automovilístico. Los fabricantes son obligados a restringir las emisiones en sus vehículos nuevos a través de las sucesivas normativas Euro. La activación de medidas como el Plan PIVE o la permanencia en el tiempo de otros como el Movea contribuirían de forma decisiva para tener urbes mucho más saludables y que no superen, ni siquiera de forma excepcional, los niveles peligrosos de contaminación.
  • Fomentar las alternativas híbridas y eléctricas. Según se extrae del estudio del DUCIT, un 26% de Madrid Capital y un 34% de los conductores de Madrid Provincia se han planteado la compra de un coche 100% eléctrico, encontrando en su precio elevado, la escasa autonomía y las dificultades de recargar sus baterías los principales hándicaps.
  • Mayor fomento del uso del transporte público a través de estímulos y no de prohibiciones. Los usuarios solicitan mayor frecuencia, más paradas y rutas, y que su precio sea menor.
  • Necesidad de la creación de más parkings disuasorios. En la actualidad, no existe capacidad suficiente para que todos los madrileños afectados por la posible implantación del Plan A dispongan de suficientes aparcamientos en la periferia para dirigirse al centro de la ciudad en transporte público.
  • Mayor implicación de las empresas. Siempre según el estudio DUCIT, sólo un 11% de los conductores dispone en sus empresas de planes que hagan referencia a la movilidad sostenible de sus empleados. Otra opción sería disponer de flotas eléctricas de uso compartido para los desplazamientos en misión durante la jornada laboral, incentivadas con ayudas municipales.