La masilla de carrocero es uno de los materiales que más se usan en un taller de chapa y pintura, por su capacidad para arreglar imperfecciones, rayones y abolladuras en los vehículos. Desde su Blog Ruta 401, Loctite ofrece una serie de consejos para la correcta aplicación de las masillas, la más común de ellas la de poliéster, aunque también se pueden encontrar de plástico, fibra de vidrio o aluminio.

Se trata de un material que se usa junto con un catalizador, un líquido, generalmente rojo, que sirve para que la masilla se seque más rápido y se endurezca una vez aplicada. Hay que tener cuidado con la dosis de catalizador que se aplica (la mayoría de fabricantes recomienda un 2%), ya que, de lo contrario, la mezcla podría endurecerse antes o durante su aplicación.

Para preparar la zona, se lija la superficie donde se va a aplicar la masilla, hasta un contorno de al menos 2-3 centímetos mayor que la del daño a reparar. A continuación, se limpia bien con disolvente la zona para asegurarse de que la masilla se adhiera bien a la chapa.

Ahora es el momento de mezclar la masilla con el catalizador, con movimientos planos de espátula aplastando el producto sobre una base dura para evitar oclusiones de aire. Después, la mezcla se aplica sobre la zona a reparar ejerciendo la mayor presión posible en la chapa y extendiéndola siempre en la misma dirección y de un extremo al otro de la abolladura.

Una vez que la masilla se ha secado, se procede a lijarla de nuevo, primero con un lija más gruesa y luego con otras más finas para pulir los detalles. Una vez terminado es el momento de emplear la imprimación/aparejo, que sirve para proteger las piezas del óxido. A continuación, se lija muy fino y se limpia la zona.

Loctite cuenta con masillas especializadas para trabajos en diferentes superficies, como la denominada Loctite EA 3471, para la reparación de piezas metálicas, o la Loctite PP-15, compuesta a base de fibra de vidrio.