Casi todos los talleres han comprado en alguna ocasión a un desguace. El motivo suele ser porque el cliente busca abaratar el precio final de la reparación o porque el vehículo es antiguo y el taller no encuentra el recambio adecuado. Según nos explica Loctite en su blog Ruta 401, las piezas de desguace son consideradas piezas de segunda mano, por ello, la garantía aplicable es de mínimo un año, aunque puede variar en base a si la pieza se compra en el desguace como chatarra, si se trata de una pieza de desgaste o cuando la avería no venga por una pieza en mal estado, sino por un mal uso del cliente.

En cuanto a la instalación por parte de los talleres, todas las reparaciones quedan garantizadas. Esa garantía es de 3 meses o 2.000 kilómetros, o 15 días y 2.000 kilómetros si la pieza se instala en un vehículo industrial. El periodo de garantía cuenta desde la fecha de entrega del vehículo. La garantía se entiende total, es decir, incluyendo materiales aportados, mano de obra, transporte, impuestos etc.

Las piezas deben cumplir unos requisitos:

- El taller solo puede instalar piezas en los automóviles cuya utilización esté permitida por el Código de la Circulación.

- Las piezas o elementos que los talleres usen en sus reparaciones deberán llevar fijada de manera legible e indeleble la marca del fabricante y en su caso, la homologación del Ministerio de Industria. Para piezas pequeñas en las que no sea posible referenciar, deberá constar la marca en etiquetas.

- Al final de la reparación, el cliente puede exigir al taller la exhibición y entrega de las piezas que hayan sido sustituidas.

Así las cosas, el Real Decreto 1383/2002 del 20 de diciembre sobre la gestión de vehículos al final de su vida útil obliga a los viejos cementerios de vehículos a convertirse en modernos centros autorizados de descontaminación. Por lo tanto, cada vez que un vehículo entra en un desguace comienza un complejo proceso de descontaminación y desmontaje de piezas para finalizar con el reciclaje del vehículo.