Los motores diésel representarán sólo el 9% de las ventas en Europa en 2030, en comparación con el 50% que representan hoy en día. A esa conclusión llega un estudio llevado a cabo por AlixPartners y difundido por Faconauto, que advierte que esta tendencia será impulsada por la necesidad de los fabricantes de electrificar sus motores para cumplir con unas limitaciones de emisiones cada vez más estrictas.

Esta tendencia tendrá su repercusión también en la fabricación. Según el mismo informe, en 2022, el número de factorías que fabriquen modelos a gasolina y diésel caerá a 55, desde las 62 actuales. Al mismo tiempo, las plantas que monten motores eléctricos se irán a 40, desde las 26 que hay hoy.

Una planta con capacidad para fabricar 400.000 motores de combustión al año cuesta unos 500 millones de euros, mientras que una capaz de sacar el mismo número de motores eléctricos costará sólo 50 millones y requerirá además una décima parte de espacio, lo que repercutirá también en los costes laborales.

La firma espera que el endurecimiento de los estándares de emisiones por parte de Europa irá incrementando progresivamente los costes unitarios de los motores diésel, que necesitarán nuevos sistemas y tecnología para que cumplan con las normas. Esto se traducirá en un incremento del precio final de los coches diésel, de tal forma que tener en propiedad uno de estos modelos será menos competitivo. Al mismo tiempo, sus “rivales” eléctricos irán bajando de precio porque sus baterías serán cada vez más baratas de producir.

La consultora hace referencia también a la infraestructura de carga y estima su desarrollo costará 30.000 millones de euros hacia 2030 en cuatro grandes ciudades de Europa: Londres, París, Fráncfort y Milán. De ese gasto previsto, sólo se ha llegado al 5% en la actualidad. La ciudad que más inversión que más va a requerir es París, con 11.600 millones de euros, seguida de Londres (10.200 millones), Milán (5.100 millones) y Fráncfort (3.500 millones).