“El sector del automóvil. Retos y propuestas políticas” ha sido el título de la ponencia impartida por Íñigo de la Serna, ex ministro de Fomento, quien empezó su intervención en el XXXII Congreso de Ancera reflexionando, desde el punto de vista político, sobre la necesidad de acuerdos de estabilidad para generar equilibrios, así como dialogar con el sector “para que las medidas que se tomen sean más eficientes y que éstas estén soportadas en estudios técnicos con visión holística y participación ciudadana”.

También hizo hincapié Íñigo de la Serna en la dispersión competencial y normativa, en la incertidumbre actual generada por el contexto económico, en la moderación y flexibilidad a la hora de hacer política, ya que “en los extremos no se puede encontrar nada bueno”, y en la prudencia a la hora de emitir una opinión desde un alto cargo político. “Es algo que aprendí más siendo ministro: hay que ser cuidadoso porque una palabra mal empleada puede tener consecuencias negativas en la cuenta de resultados de las empresas”.

El ex ministro de Fomento se refirió, asimismo, al futuro próximo donde tendrá protagonismo el coche conectado, sobre todo con el desarrollo del 5G, una oportunidad para el sector del automóvil según De la Serna, “porque en nuestro país hay un gran desarrollo de la fibra óptica”. Cuatro son las tendencias en movilidad que observa el ponente: los nuevos servicios, la falta de ambición de la propiedad por parte de los más jóvenes, el medio ambiente y la mejora de la seguridad.

Por otro lado, Íñigo de la Serna enumeró cuatro retos importantes, “que no amenazas”, que existen en el sector:

  1. Incertidumbre global, por el debilitamiento del comercio mundial, el incremento de la guerra comercial (aumento de aranceles) y los problemas que afronta Europa con el Brexit, la inestabilidad social en Francia o la recesión económica en Italia.
  2. Nuevo marco ambiental en España, con la propuesta de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, con la posibilidad de veto a la venta de turismos y vehículos comerciales ligeros diésel, gasolina o híbridos a partir de 2040; o la aparición de normativa independiente en diferentes comunidades autónomas, como la Ley balear de Cambio Climático y Transición Energética.
  3. Cambio tecnológico, con la aparición de nuevos sistemas de movilidad (carsharing, poolsharing,...); el desarrollo del Internet de las Cosas (IOT), el Big Data o el 5G, y su integración en el vehículo conectado y autónomo; el desarrollo de la Industria 4.0 con plantas de producción inteligente; la electrónica de la información y el entretenimiento; la tecnología de las cadenas logísticas (blockchain); y el crecimiento de los canales digitales de venta.
  4. Seguridad, respecto a su integración en los sistemas de asistencia a la conducción y su regulación desde el punto de vista de la ciberseguridad y la ética.

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Para terminar, y además de destacar la moderación en las previsiones de crecimiento económico para nuestro país, Íñigo de la Serna habló de los retos para afrontar el futuro, como la creación de una estrategia nacional de movilidad que analice todos los impactos posibles a través de un diálogo con el sector y un equilibrio en todas las partes. El ex ministro también propuso, en este sentido, planes urbanos de movilidad sostenible 4.0., documentos que establezcan una visión holística de planificación estratégica con participacion de las administraciones, sectores productivos y sociedad civil.

A través de un “marco regulatorio homogéneo”, De la Serna cree que se puede “reformular una propuesta nacional a través de la búsqueda de consenso político, un proceso de diálogo con el sector, un análisis jurídico competencial para maximizar la uniformidad, un sustento técnico con base en los pilares de la estrategia nacional (impacto ambiental, económico, social,...), una transición ordenada, una base legal para instrumentos de apoyo (técnico, económico,...) y la consonancia con los objetivos europeos.

Una estrategia unificada para apoyar al sector también debería integrar ayudas centradas en el I+D+i, la modernización de las infraestructuras, la adaptación a los procesos industriales y el apoyo al talento, a través de nuevas competencias, formación continua, formación dual, talento externo y negociacion colectiva. En cuanto a la adaptación tecnológica, Íñigo de la Serna destacó que “la neutralidad tecnológica debería entrar en la futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética “porque no sabemos lo que va a pasar de aquí a 2040”.