Los fenómenos de oxidación y corrosión constituyen una serie de reacciones químicas que se dan sobre los metales cuando interactúan con determinadas condiciones ambientales, térmicas o de contacto con determinados compuestos u otros metales, según recoge un nuevo artículo técnico de Loctite.

Dependiendo del metal afectado y de su aleación, el efecto oxidativo o corrosivo es más o menos marcado, generando unos efectos concretos sobre el mismo. A modo de ejemplo, los aceros al carbono muestran una oxidación muy marcada de color anaranjado rojizo que en primer lugar afectará al metal superficialmente, pero que con el paso del tiempo acabará por descomponerlo. Por el contrario, en metales como el aluminio, la capa de oxidación generada de forma natural (alúmina) no es visible y genera un efecto protector que evita que acabe corroyéndose.

Teniendo en cuenta la sensibilidad de los aceros al carbono y su uso mayoritario en las carrocerías actuales, las reacciones químicas de oxidación y corrosión conforman un aspecto muy significativo a tener en cuenta por el profesional del taller cuando se trabaja sobre este metal.

Existen determinadas variables que, a lo largo de la vida útil de un vehículo, influyen o son decisivas para que una chapa metálica de acero acabe teniendo este problema. Los aspectos más determinantes en este sentido, que están relacionados con la responsabilidad del profesional del taller, son los siguientes:

  • Retardar la aplicación de masillas y aparejos cuando el metal está desnudo.
  • No tratar el metal desnudo con imprimaciones anticorrosivas, especialmente en las caras internas de metales solapados.
  • Omitir la aplicación de revestimientos de bajos, antigravillas o ceras de cavidades en zonas expuestas a proyecciones y acumulación de humedad, suciedad y barro proveniente del pavimento.
  • Sellado insuficiente o inexistente sobre costuras de unión.
  • Aplicación de productos agresivos sobre el metal.