Si un bebé de seis meses viaja en el regazo de un adulto, sería automáticamente despedido hacia delante en caso de accidente y se vería aplastado gravemente por la persona que lo lleva encima. Si lo hiciera un niño de seis años sentado en el asiento trasero pero sin cojín elevador, su cinturón de seguridad se desplazaría de tal forma que podría provocarle lesiones graves en el cuello, mientras que el cuerpo acabaría deslizándose por debajo del mismo, con consecuencias fatales.

Ésto no ocurriría con el uso de un sistema de retención infantil (SRI) homologado y adecuado al peso del menor, ya que el cinturón de seguridad actuaría adecuadamente y frenaría el desplazamiento del niño, minimizando el riesgo de sufrir una lesión. Estas son algunas de las conclusiones del último informe sobre seguridad infantil en el automóvil en España y Latinoamérica, presentado por la Fundación Mapfre y elaborado por expertos en seguridad vial de la entidad.

Para analizar los errores más peligrosos y frecuentes que los padres cometen a la hora de viajar con sus hijos, Fundación Mapfre ha llevado a cabo numerosos ensayos de choque ('crash test') en los que pone a prueba la utilización de diferentes sistemas de retención infantil en situaciones correctas e incorrectas, así como en las que se utilizan sistemas no homologados y envejecidos en las que directamente no se utiliza ninguna sillita infantil.

Las pruebas de impacto demuestran que permitir que los más pequeños viajen con holguras en el cinturón de seguridad y en el arnés de seguridad provoca daños considerables en la cabeza y el tórax, dos zonas del cuerpo que también sufren impacto por encima de los límites establecidos cuando se utilizan sistemas de retención infantil envejecidos y no homologados. Estos últimos, que todavía se encuentran a la venta en comunidades como Madrid, se rompen en caso de siniestro, haciendo que el sistema sea totalmente inseguro.

“Los niños que utilizan un SRI adecuado a su peso, estatura y edad y aquellos que viajan en la parte trasera del vehículo y en sentido contrario a la marcha, lo hacen de forma mucho más segura y están expuestos a un riesgo mucho menor de perder la vida o resultar heridos que los que no llevan sujeción. Los más pequeños deberían viajar mirando hacia atrás no solo hasta que cumplen 1 ó 2 años, sino hasta los 3 o incluso los 4 años”, ha señalado Jesús Monclús, director de seguridad vial de Fundación Mapfre, durante el acto de presentación del informe.

Además, el responsable ha recordado que es necesario mejorar el conocimiento de los padres sobre la necesidad de que los niños mayores sigan utilizando sillitas infantiles o asientos elevadores, no sólo hasta que midan más de 1,35 centímetros, como indica la legislatura actual, sino “incluso después de ese momento y hasta que el cinturón de seguridad de adulto quede ajustado con seguridad sobre el cuerpo del menor”.