Vamos de paseo

Un 25% de conductores no hace las revisiones oportunas antes de salir de viaje

Confortauto Hankook Masters recuerda la importancia de llevar a cabo una exhaustiva inspección y puesta a punto del vehículo antes de salir a la carretera en la Operación Salida.
Confortauto mantenimiento verano

Durante los meses de julio y agosto se esperan 91,2 millones de desplazamientos por carreteras españolas, cifra similar a la de 2019, según datos de la DGT. Para viajar con seguridad antes de trayectos largos, es necesario poner el coche a punto en un taller profesional. Según alertan desde Confortauto Hankook Masters, las averías se encuentran directamente relacionadas con la falta de mantenimiento del vehículo y es que hasta uno de cada cuatro conductores no hacen las revisiones oportunas antes de salir de viaje, algo que se acentúa si se tiene en cuenta el creciente envejecimiento del parque móvil español.



Además, las altas temperaturas y los trayectos largos favorecen que determinadas piezas del vehículo se deterioren. Las averías más comunes en verano están relacionadas con los sistemas de alumbrado y señalización, neumáticos, suspensión, frenos y aire acondicionado. En este sentido, la red de talleres recuerda la importancia de llevar a cabo una exhaustiva inspección y puesta a punto del vehículo antes de salir a la carretera en la Operación Salida, poniendo especial atención a lo siguientes componentes:



1. Neumáticos. Se recomienda tener en cuenta la presión recomendada por el fabricante y comprobar su dibujo para garantizar el máximo agarre y tracción. La profundidad del dibujo de los neumáticos no debe superar los 1,6 mm (límite legal establecido), siendo aconsejable su cambio cuando la profundidad sea inferior a 3 mm. Circular con neumáticos desgastados pone en peligro nuestra seguridad y la de los demás, aumentando el riesgo de sufrir patinazos o aquaplaning.



2. Frenos. Junto a los neumáticos y los amortiguadores, los frenos completan el “Triángulo de seguridad” del vehículo. Estos tres elementos están estrechamente relacionados entre sí, de tal manera que el mal funcionamiento de uno de ellos puede afectar al rendimiento de los otros. Por otro lado, es fundamental realizar un mantenimiento de todos los componentes que forman parte del sistema de frenado: pastillas de freno, discos y líquido, ya que si uno de ellos está afectado, el coche perderá capacidad de frenado recorriendo más distancia a la hora de detenerse.


3. Amortiguadores. Dentro del sistema de suspensión del vehículo, los amortiguadores se encargan de absorber y neutralizar las irregularidades del suelo, asegurando que los neumáticos estén siempre en contacto con la carretera. Si se encuentran desajustados, el coche no se adaptará bien al asfalto, lo que ocasionará que, en determinadas situaciones, los neumáticos pierdan el contacto con la carretera, provocando un desgaste prematuro o desigual del neumático y un menor agarre.



4. Batería. Los problemas con este componente son los más frecuentes en verano, puesto que este es un elemento muy sensible a los cambios bruscos de temperatura, sobre todo cuando hace mucho calor. Las temperaturas que superan los 20º C provocan un envejecimiento más rápido de la batería. El calor hace que el ácido del interior de la batería se seque con más facilidad y si la batería está cerca del final de su vida útil, tiene muchas más probabilidades de estropearse. Además, el calor puede afectar a las baterías que están en buen estado, sobre todo cuando se usa el coche ocasionalmente o con poca frecuencia. Es posible que a priori no se detecte un rendimiento incorrecto de la batería, por ello es importante darle un mantenimiento periódico y, en caso de no estar en buen estado, sustituirla.



5. Luces. Ver y ser visto es fundamental en la carretera para evitar accidentes, por ello se debe verificar que todos los faros se encienden (posición, cruce, carretera, freno, marcha atrás, intermitentes y antinieblas) y regular su altura. El hecho de llevar bien regladas las luces de cruce y carretera es fundamental para no deslumbrar a otros usuarios de la vía y para ver bien la carretera. Llevar el alumbrado en mal estado puede afectar a la manera de conducir e incrementa la fatiga. Lo óptimo es revisar y cambiar las luces cada 50.000 kilómetros o dos años. Además, siempre es recomendable cambiar las luces por parejas, aunque una de ellas todavía funcione, para evitar que la intensidad del alumbrado quede descompensada.



6. Lubricantes. Minimizan el desgaste de las piezas del motor, canalizan las partículas metálicas surgidas de ese desgaste hacia el filtro, ayudan a la refrigeración y evitan diminutas fugas en el circuito por sus propiedades sellantes. Por tanto, además de sustituirlo cuando indique el fabricante (entre 5.000 y 30.000 kilómetros, según modelo), hay que revisar su nivel con frecuencia. Al menos una vez al mes y siempre antes de un viaje largo. Si el nivel es bajo, lo más apropiado es acudir directamente al taller y pedir un cambio de aceite. Los vehículos más antiguos, por lo general, consumen más lubricante de lo esperado; en este caso, conviene hacer el cambio en menos kilómetros.



7. Limpiaparabrisas. El 90% de la información que el usuario necesita para conducir la recibe a través de la vista. Muchos de los accidentes suceden con malas condiciones de visión y bajo condiciones atmosféricas adversas, por lo que es importante mantener los limpiaparabrisas en perfecto estado. Aunque las lluvias no sean frecuentes en verano, el día más inesperado puede producirse  una tormenta de verano o “gota fría”. Las gomas de los limpiaparabrisas son muy sensibles al calor y pueden deteriorarse debido a los efectos del sol, por ello se deben revisar para que no estén cuarteadas y pierdan eficacia. Además, hay que chequear el buen estado y funcionamiento de las escobillas, su coste sustitución es muy reducido por lo que, si se detecta que alguna no está del todo bien, lo más idóneo es cambiarla. Es también importante revisar el nivel del líquido limpiaparabrisas y rellenarlo con agua destilada, ya que el agua del grifo tiene mucha cal y puede llegar a obstruir los inyectores.



8. Refrigerante. Cumple una misión fundamental entre los líquidos del coche. Si en invierno su función principal es evitar la congelación del agua del circuito de refrigeración, en verano su cometido es refrigerar el motor, transfiriendo el calor de la combustión al exterior. Esto impide que el líquido entre en ebullición evitando un sobrecalentamiento peligroso del motor. Un exceso de temperatura podría fundir los pistones e incluso desencadenar una peligrosa explosión interna. El refrigerante está compuesto, habitualmente, de agua destilada y anticongelante concentrado, que también se encarga de que el líquido no se congele y estropee el circuito en invierno. En resumen, el refrigerante debe tener una temperatura de ebullición muy alta y una temperatura de congelación baja, aparte de propiedades anticorrosivas y antiincrustantes. Conviene comprobar su nivel con regularidad y reponerlo cuando sea necesario.



9. Sistema de climatización. Gran parte de los vehículos que acuden al taller durante los meses de verano lo hacen por una avería en su sistema de aire acondicionado o climatización. Debido al buen tiempo en España durante gran parte del año, el aire acondicionado y/o el climatizador no se utiliza ya que se puede circular sin necesidad de ajustar la temperatura en la que se encuentra el habitáculo. Precisamente por todo este tiempo que permanece inactivo, el sistema puede acabar generando averías. Por ello antes de que las temperaturas más altas lleguen, es indispensable poner los sistemas de climatización a funcionar para comprobar su estado y, en caso de detectar algún problema, acercarse por nuestro taller más cercano para su reparación y/o recarga.



10. Filtros. Cambiar a tiempo los filtros del automóvil (aceite, aire, combustible y habitáculo) es clave para evitar que el coche no sufra desgastes prematuros o graves averías. Es importante que cada uno de ellos esté libre de suciedad y partículas que puedan dañar al motor impidiendo que el vehículo funcione de forma apropiada. El buen mantenimiento de cada uno de ellos hará que la vida del vehículo sea más duradera y que su rendimiento sea mayor: contribuirán a conservar el motor, disminuir el consumo y no dañar el medio ambiente.



11. Correa de distribución. Es el elemento encargado de la sincronización de los 4 tiempos del motor (admisión, compresión, expansión y escape), la apertura y el cierre de las válvulas, así como con el encendido de las bujías en los motores de gasolina o la inyección en los motores diésel. Esta pieza merece especial atención por su importancia en el engranaje interno del motor, puesto que su mal funcionamiento puede generar un efecto dominó y afectar a otras partes del mismo. Además, su rotura puede ocasionar una grave y cara avería en el motor. La mejor previsión es reponerla en base a los plazos aconsejados por el fabricante e incluso cambiarla preventivamente. La duración estimada de la correa de distribución está establecida en el libro de mantenimiento del coche, donde se recomienda un kilometraje máximo.



12. Sistema de escape y catalizadores. El sistema de escape tiene una doble misión en el cuidado del medio ambiente: reducir las emisiones contaminantes y el ruido de los gases al salir del motor. Los elementos del sistema de escape son piezas que hay que cambiar periódicamente, una vez que presentan fatiga o deterioro en su funcionamiento. Si no se hace a tiempo, el vehículo, además de no funcionar correctamente, consumirá más carburante y aumentará las emisiones de CO2.

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